Más de un centenar de activistas de la oposición, incluidos algunos de sus líderes como Anatoli Lebedko, han sido detenidos en las últimas horas en Minsk, la capital bielorrusa. La Policía y agentes del KGB tratan también de obstaculizar la afluencia de manifestantes a la Plaza de Octubre, situada en pleno centro de la ciudad, junto al Palacio de la República y a unos pasos de la sede de la Presidencia. En ese importante núcleo urbano llevan concentrados desde hace dos días los partidarios de Alexánder Milinkiévich, el principal candidato de la oposición a las elecciones presidenciales celebradas el pasado domingo.
Esos comicios, en los que el actual presidente bielorruso, Alexánder Lukashenko, obtuvo más del 82% de los votos, mientras Milinkiévich no logró sobrepasar el 6%, han recibido el repudio de la comunidad internacional por las numerosas irregularidades cometidas, tanto durante la campaña electoral como en el curso de las propias votaciones. La Unión Europea no descarta la aplicación de sanciones contra Bielorrusia.
«Permaneceré aquí con vosotros hasta que consigamos la victoria, hasta forzar la repetición de los comicios», gritó ayer Milinkiévich a las más de cinco mil personas que terminaron concentrándose en la Plaza de Octubre al final de la tarde. El dirigente opositor, no obstante, advirtió de que durante la noche del lunes «ha habido arrestos masivos por toda la ciudad».
Plaza de Octubre
La oposición democrática bielorrusa impugnó ayer ante la Comisión Electoral Central (CEC) los resultados de los comicios presidenciales del domingo, mientras centenares de sus partidarios acampan en la capitalina Plaza de Octubre. «Hemos interpuesto una apelación ante la CEC sobre la ilegitimidad de las elecciones», declaró Milinkiévich.
A imagen y semejanza del inmenso cámping que ocupó el invierno pasado los aledaños de la plaza de la Independencia en la capital ucraniana, los manifestantes bielorrusos han instalados ya una docena de tiendas de campaña en un lateral del palacio de la República, pero no parece que vayan a poder levantarse muchas más.
En todos los subterráneos que dan acceso a la plaza hay policías y agentes del KGB que impiden el paso a quienes llevan consigo paquetes o mochilas. Se trata de evitar, no sólo que se instalen más carpas, sino también alimentos y agua para los acampados. En toda la acera que rodea la plaza hay además un cordón policial que no deja que los vehículos se detengan. Pese a los impedimentos, los manifestantes bailaban al son de música rapera mientras agitaban pancartas y estandartes, entre ellos el vigente en Bielorrusia (blanco con una franja roja en el centro) hasta que Lukashenko lo abolió en 1994. Había también banderas ucranianas, georgianas, de la Unión Europea, azerbaiyanas y del grupo de oposición juvenil Zubr (bisonte). '¿Haz historia!', instaba a los viandantes la pancarta más visible.
Pocos, pero con fuerza
Sasha, uno de los jóvenes que hacían corro alrededor del equipo de megafonía, admitió que no eran «demasiados, pero si continuamos aquí arrastraremos a otros muchos. Si nos vamos, no conseguiremos nunca liberarnos de Lukashenko». La Policía vigila de cerca y parece tomada la decisión de disolver la concentración en cuanto los observadores internacionales y la prensa extranjera abandonen la ciudad.
Responsables del equipo de Milinkiévich no descartan la posibilidad de enviar a la gente a sus casas y convocar otra manifestación para el sábado. Entre las personas que ayer acudieron a la plaza a dar ánimos a los manifestantes estuvieron los embajadores de Francia, Reino Unido y Letonia.
Mientras, el Ministerio de Exteriores ruso difundió ayer un comunicado expresando su total desacuerdo con la valoración hecha por los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) sobre las elecciones presidenciales bielorrusas. La cancillería rusa considera «limpios y legítimos» los comicios, mientras la OSCE, la UE y el Consejo de Europa estiman que no fueron libres, justos ni tampoco democráticos.
El presidente Vladímir Putin ha sido, por ahora, el único líder mundial en felicitar a su homólogo bielorruso por la victoria obtenida en las elecciones. A través de un telegrama, el jefe del Kremlin da la enhorabuena a Lukashenko y le anima a seguir fortaleciendo «los lazos de amistad que unen a nuestros pueblos».