El juez Fernando Grande-Marlaska ha remitido los últimos análisis médicos realizados a Arnaldo Otegi este fin de semana a los forenses de la Audiencia Nacional. El magistrado ha ordenado a los especialistas del tribunal que dictaminen si, a la vista de los nuevos resultados clínicos, el líder de Batasuna sufre neumonía, tal y como afirman los doctores del Instituto Vasco de Medicina Legal. Con independencia de estas comprobaciones, Otegi se recupera de la enfermedad que el pasado día 13 le impidió acudir al tribunal y ya no tiene fiebre, informaron ayer fuentes jurídicas.
Los forenses del tribunal no terminarán hasta hoy de estudiar la analítica completa que llegó el lunes por la mañana, festivo en Madrid. Será entonces cuando Grande-Marlaska decida si mantiene su intención de tomar declaración a Otegi el próximo viernes, a partir de las cinco de la tarde.
El magistrado ordenó el pasado viernes que el portavoz de Batasuna fuera sometido a una analítica completa de sangre y orina para saber cuál es su verdadero estado de salud, cuándo estará en condiciones de ser interrogado y, sobre todo, conocer si el tratamiento médico que recibe es el adecuado para su dolencia. Grande-Marlaska precisó entonces que, según los documentos remitidos por el Instituto Vasco de Medicina Legal, la medicación que estaba recibiendo Otegi no era la mejor, ya que se le está administrando un tratamiento «antimicrobiano» (quinolona) que no es el «específico» para combatir «una neumonía típica por neumococo».
Ante estas dudas, el instructor ordenó que además de analizar su sangre y su orina, los forenses vascos llevaran a cabo un «hemocultivo y estudios serológicos e inmunológicos». El resultado de estos análisis es el que ahora están cotejando los forenses de la Audiencia Nacional.
Otegi, que fue citado la primera vez para el lunes 13 de marzo, debe responder de las acusaciones de haber promovido y organizado en nombre de ETA una huelga general el 9 de marzo en Euskadi y Navarra en protesta por la muerte en la cárcel de dos presos. Convalece en su casa de Elgoibar vigilado las 24 horas por una patrulla de la Ertzaintza.