El comunicado de ETA anunciando el alto el fuego permanente es una noticia que desde un punto de vista democrático tiene que ser valorada positivamente. Se podrá recibir el mensaje con más o menos entusiasmo, con más o menos optimismo, pero lo que está claro es que el alto el fuego declarado por la organización terrorista da más razón a los entusiastas que a los pesimistas. Lógicamente todo tiene que ser relativizado, pero la decisión de ETA confirma la tesis de quienes sostenían que la organización armada había tomado hace ya un tiempo esta decisión, y que la misma era definitiva con independencia del juego peligroso e inútil que representaba la colocación de los artefactos en diversos municipios.
Ésta es la primera consecuencia que se puede extraer del mensaje de ETA. La organización armada ha demostrado que es capaz de tomar una decisión de futuro haciendo frente a la inercia militarista, que lejos de aconsejar parar exigía persistir en el horror. En segundo lugar y visto el comportamiento público de los máximos dirigentes socialistas, cabe decir que esta decisión era conocida por el presidente del Gobierno con las garantías y el detalle suficiente, lo cual le ha permitido mantener durante estos meses de espera e incertidumbre un optimismo realista, en ocasiones desmedido, que no ha dejado de representar una posición de cierto riesgo.
En tercer lugar, me ha llamado la atención la forma y el contenido del comunicado. Un contenido sencillo y elemental, al estilo IRA. Eminentemente político y sin formulaciones coactivas, del que se deduce que la lucha armada no tiene otro destino más que el cese definitivo en aras a favorecer el inicio de un proceso de normalización política. Es decir, dicho a su manera, el comunicado viene a reconocer implícitamente que la violencia es un obstáculo para «impulsar un proceso democrático en Euskal Herria». En cuanto al tono y a la forma, es un comunicado respetuoso con los supuestos enemigos políticos. Los que hasta ahora eran presentados como fascistas y opresores de los derechos y de las libertades de Euskal Herria son tratados en el comunicado de ayer respetuosa y diplomáticamente como «autoridades de España y Francia» y requeridos «para que respondan de manera positiva a esta nueva situación, dejando a un lado la represión».
Todo indica que en el seno de ETA la diplomacia ha ganado el terreno a 'los señores de la guerra'. Probablemente sean los mismos, pero ahora, por el trascurso de los años y lo difícil de su situación se encuentran afectados por una gran mutación. Los 'señores de la guerra', forzados por el 'nuevo realismo' no han tenido más remedio que optar y reconocer lo evidente. Es decir, que la lucha política de ETA, como organización militar, ha llegado a su final. Una evidencia que ha sido expresada reiteradamente como exigencia irrenunciable por la inmensa mayoría de la sociedad vasca en términos de cese definitivo de la violencia.
Hoy es un gran día para la democracia y para toda la sociedad vasca. Pero especialmente quiero significar la alegría y la liberación que ha supuesto esta noticia para los amenazados por la violencia. Tenemos que convertir el alto el fuego permanente en irreversible y definitivo. Es una tarea de todos, también del PP, aunque les resulte más cómodo jugar el papel del reverendo Pasley. Prefiero pensar en los amenazados: «Zuen barne mina poza bilakatu dadin. Zuengatik».
x.gurrutxaga@diario-elcorreo.com