Desde que ETA anunció su alto el fuego, los ciudadanos que han tenido que sufrir el acoso y la persecución de la banda, se toman un respiro. Una tonelada menos de peso en el equipaje del sufrimiento de tantos años de plomo. El alivio contrasta, sin embargo, con el miedo a volver a ser engañados como en anteriores ocasiones. La comparación con la tregua del 98, que resultó ser un fiasco, parece inevitable. Bien es verdad que las circunstancias son muy diferentes. La banda está más debilitada que nunca, gracias a que el Estado de Derecho y la presión judicial y política cumplieron su papel en los momentos en que funcionó con intensidad el Pacto Antiterrorista. Y, precisamente por eso, sorprendía ayer el lehendakari cuando dijo que, por fin, «ETA ha escuchado a la sociedad vasca». Una impresión que nada tiene que ver con la realidad. No es que ETA, de repente, se haya dejado convencer. Han sido sus circunstancias, tan precarias, las que han forzado a la banda a anunciar su alto el fuego.
Habrá que esperar la segunda parte de su anuncio. De momento, sabemos que ETA va a dejar de matar. Lo dicho; un alivio. Pero no ha renunciado expresa y definitivamente a las armas. Parece lógico, pues, que el presidente Zapatero se tome su tiempo para contrastar informaciones. Porque lo complicado, duro y difícil empieza ahora. En este segundo tiempo de la jugada, ETA tiene mucho campo recorrido. Dado que su apuesta no es por la paz sino por el derecho de autodeterminación, el Gobierno y los representantes políticos tendrán que agudizar su habilidad. Las palabras grandilocuentes están bien como primera reacción, aunque algunas nos puedan llevar a engaño. Una frase de Zapatero, por ejemplo, que suena bien pero no es fiel a los hechos. «La democracia siempre sabe responder ». Hay que quitar las mayúsculas, en esta ocasión, porque han sido los ciudadanos, los jueces como Grande-Marlaska y las víctimas organizadas las que, con su presión, han empujado a ETA hasta este punto de tan difícil retorno.
Si se parte de esta claridad de diagnóstico, quizás se cometan menos fallos. ETA deja de matar para empezar a negociar un nuevo estatus político para Euskadi. Esta es la situación. Ese, el objetivo del derecho de autodeterminación, es su precio político. De cómo se gestione este proceso dependerá el final del terrorismo o la victoria de ETA.
El lehendakari, que tanto necesitaba recobrar protagonismo ya se ha puesto a convocar sus habituales rondas de partidos, con la constitución de las mesas, como telón de fondo. Una ocasión idónea para que los oportunistas aprovechen la bonanza del clima para colocar 'de rondón' las condiciones políticas que exige ETA y que tan bien les pueden ir a otros partidos políticos. Es el momento de la lucidez y la fortaleza. Zapatero y Rajoy tendrán que caminar juntos. Y todos tenemos la obligación de apoyar al presidente de Gobierno, con cautela pero con principios.