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Jueves, 23 de marzo de 2006
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OPINIÓN
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Parada biológica
El último grupo terrorista en activo de Europa occidental -islamistas aparte- anunció ayer que detiene por ahora sus actividades violentas. Esta declaración, como es lógico, ha disparado la euforia en la sociedad, al igual que ocurrió con motivo de la tregua de septiembre de 1998. Es, sin duda, un paso adelante que quien pone bombas decida dejar de fabricarlas y que quien amenaza la integridad y la libertad de los vascos se envaine la espada de Damocles con la que lleva dando mandobles desde hace décadas.

La esperanza de que haya pasos hacia el final de la violencia no puede ignorar que ETA no se ha planteado un abandono de las armas, sino que su decisión forma parte de un cálculo estratégico encaminado a conseguir su objetivo político tradicional: la autodeterminación. A eso se suma la necesidad de ETA de hacer una parada biológica para dar un respiro a su entorno político para que pueda volver a la legalidad con la vista puesta en las próximas elecciones.

ETA no ha asumido la exigencia democrática de abandonar definitivamente la violencia y en lugar de eso habla de 'alto el fuego permanente'. Es mejor eso que nada, pero el paso no satisface plenamente las aspiraciones de la mayoría de los ciudadanos que exigen a la banda su desaparición sin regateos.

A raíz de la declaración de Anoeta, de noviembre de 2004, ETA delegó la negociación política en Batasuna, pero no renunció a ella. Simplemente optó por vigilar las conversaciones desde la puerta con las armas en la mano, listos para volver a usarlas si las cosas no van como ellos esperan.

El comunicado de ayer va a permitir muchos movimientos en el terreno político y posiblemente el encuentro directo y oficial entre enviados del Gobierno y de la propia ETA. Pero los obstáculos para que la banda ponga fin a la violencia siguen siendo hoy los mismos que eran el martes pasado: la voluntad de los terroristas de obtener una contraprestación política palpable. No se trata de acceder a la independencia en el momento de firmar el acuerdo, pero sí de establecer el mecanismo que permita la consulta independentista según el modelo quebequés: una consulta y si se pierde, otra y después otra más.

Conocemos el comunicado breve de ayer, pero para tener todos los datos encima de la mesa hace falta saber el contenido de la otra declaración realizada por ETA que no se iba a dar a conocer hasta hoy. Tal vez, muchos de los optimismos del miércoles empiecen a atenuarse el jueves.

f.domínguez@diario-elcorreo.com



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