El Correo Digital
Jueves, 23 de marzo de 2006
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OPINIÓN
ANÁLISIS
Socialmente irreversible
Tras la declaración de ETA, creo que son tres las preguntas principales. La primera y más importante plantearnos si es fiable o no. En primer lugar, tenemos que fijarnos en lo que dice. Por una parte, anuncia una suspensión «permanente» de las acciones armadas. Utiliza, de este modo, la misma expresión que acuñó el IRA. Por otra parte, la declaración no está explícitamente condicionada. Es, en este sentido, un alto el fuego incondicionado. Tanto lo uno como lo otro son signos positivos, aunque probablemente para algunos todavía insuficientes. Apuesto firmemente por dar credibilidad a esta declaración por lo que dice y por lo que no dice, pero sobre todo por el marco en que se produce. Lo que hace irreversible esta declaración no es sólo su contenido sino el contexto social y político. El cambio de ciclo no tiene vuelta atrás. Por eso creo que sería una irresponsabilidad no aprovechar esta oportunidad.

La segunda pregunta es por qué se produce ahora esta declaración. Imagino que vamos a asistir a una guerra de argumentos para justificar gracias a qué o a quién se produce. No hay que caer en ese juego interesado -todo el mundo quiere barrer para su casa- y de imposible resolución -los cambios nunca se producen por un único factor sino por la suma de varios. Me parece oportuno, en cambio, destacar la importancia determinante de la evolución de nuestra sociedad. El conflicto entendido como una mezcla de violencia y crispación política se ha vuelto radicalmente incompatible con las prioridades vitales de nuestra sociedad. Esto es lo que hace irreversible la nueva situación en la que nos encontramos desde ayer. Es este cambio de ciclo también el que explica la transformación de Elkarri a Lokarri.

A partir de ahora, ¿qué? Ésta es la tercera pregunta. En primer lugar, mucho realismo; perspectiva de proceso y consciencia de la complejidad de la tarea que hay que abordar. Sobre esta base tres grandes criterios. Primero, humanización; dar pasos decididos en todos aquellos espacios vulnerables para los derechos humanos. Segundo, diálogo sin exclusiones; es necesario articular una mesa de partidos en la que estén todos, también la izquierda abertzale que representa Batasuna. Tercero, no unilateralidad; evitar la tentación de actuar mediante actuaciones no suficientemente compartidas. Creo que con estas claves podremos convertir la esperanza en realidad.



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