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Jueves, 23 de marzo de 2006
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DEPORTES
TAU CERÁMICA
Clasificación sobre el alambre
El TAU certifica su pasaporte a cuartos, pero no podrá ser primero tras perder por dos puntos en Vilnius
Clasificación sobre el alambre
SUJETO. Slezas agarra a Scola de la muñeca para que no pueda coger el balón. / AP
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TAU CERÁMICA LIETUVOS R. -
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Atención aficionados al suspense extremo o al masoquismo. Existe una nueva entrega para hacer sus delicias. Para poner sus corazones a mil. Para subir y bajar de revoluciones como cuando se prueba una montaña rusa por primera vez. Ese alegato a la intriga se registró ayer en el descomunal Siemens Arena. Donde el TAU Cerámica coqueteó con el sonrojo demasiados minutos y, justo a tiempo, se levantó. Si no para optar al triunfo, sí a la clasificación a los estimulantes cuartos de final. Y, tras la esperada victoria del CSKA, los disputará desde el segundo cajón del Grupo F.

La trascendencia del premio en juego, eso sí, amortizó tamaño sufrimiento. O el desasosiego que genera una derrota. Y es que, tras caer contra el Lietuvos, el Baskonia afrontará los cuartos, la antesala a la 'Final Four', con desventaja de campo. No obstante, un vistazo al desarrollo de la cita confiere un sabor especial a esta clasificación. Sólo resta conocer la identidad del rival en el cruce.

Había muchísimo en juego y los compases iniciales apuntaron a partidazo. Ya que fue un descorche eléctrico. Con ambos equipos haciendo méritos por la plaza en juego. Ambiciosos y precisos. Exhibieron un repertorio acorde a la calidad de sus plantillas. O sea, amplísimo.

Si Hansen atinaba desde la línea de 6,25 metros, Stelmahers le respondía de inmediato con otro acierto de similar calibre. A una genialidad de Scola le precedía otra del polifacético Nielsen... Un espectáculo digno de lo que había en juego.

Pero el Baskonia comenzó a desperdiciar sus turnos de réplica antes de lo previsto. Cediendo el balón sin llegar a armar el brazo, flojeando en el rebote y con su brújula, Prigioni, agobiada ante un marcaje atosigante de sus pares. Al Lietuvos -que alcanzaba esta reunión contra la pared y la abandonó con una depresión de caballo- le salía espuma por la boca. El nuevo rico lituano empezó a sacar al intruso del partido. A mandoble limpio .

El TAU no supo contrarrestar tanto arrebato. Y la goma se estiró. Primero de modo tímido. Más tarde, desaforadamente. La prematura tercera personal del forzudo Javtokas -en el minuto 8- representó la única buena noticia de esa fase. Insuficiente, desde luego.

Nubarrones cerrados

En los locales todos tenían voz. Sobre todo, su incandescente hinchada, que regaba sus gargantas con cerveza, como suele ser habitual por estos lares. El Siemens Arena era un horno. Mejor dicho, un matadero con el apocado TAU de plato principal. Una canasta del albino Cukinas, en el minuto 10, colocó a los lituanos por primera vez por encima de los siete puntos (24-16). O sea, la barrera de seguridad alcanzada en Vitoria volaba por los aires. Alarma roja y un mundo por disputarse.

Las nubes se convirtieron en nubarrones con el cambio de tercio. Porque el Lietuvos se transformó en un torbellino. Desactivó a los mejores resortes azulgranas. A golpe limpio, además. Sin importarle cargarse de faltas personales. La arriesgada táctica funcionó en esa etapa.

El cuadro visitante, acongojado, casi desapareció de escena. Le tembló el alma. Y la diferencia alcanzó unas proporciones descomunales. Doce puntos a seis minutos y medio del descanso. Dieciséis, sesenta segundos después. Los bálticos -que habían perdido al cerebral Stelmahers por lesión- alcanzaron el clímax con el 37-20. Medio cuarto aún por desarrollarse y amago de liquidación en los alaveses.

Nada funcionaba. Y para enmadejar aún más la cosa, Scola enlazó dos faltas seguidas a la vuelta de vestuarios. La cuarta, eso sí, sólo existió en la mente del árbitro turco Sahin.

Levantarse a tiempo

La tropa de Perasovic contra las cuerdas. Grogui. Y entonces, creciendo desde la defensa, recuperó la respiración. Un parcial de 2-10 (49-41) regaló la primera sonrisa de la tarde al baskonismo. Y provocó que Spahija, tranquilísimo hasta ese momento, tratara de mesarse su inexistente cabellera.

El último cuarto deparaba la guinda. Hansen acertó con dos triples providenciales. Y el límite psicológico de los siete puntos por fin se rebasó. El triunfo, a esas alturas, ni se computaba en los cerebros baskonistas. Prigioni contribuyó con otro par de providenciales robos y al Lietuvos, que se había visto prácticamente en la siguiente ronda, le entró el tembleque. Tensión. El duelo paró varios minutos por un fallo en el electrónico, pero el TAU demostró su oficio. Y su capacidad de supervivencia. Sólo queda saber quién le aguardará en los cruces de cuartos.



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