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Jueves, 23 de marzo de 2006
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DEPORTES
ATHLETIC
El Athletic se retrata en casa
Obligado a llevar la iniciativa y a mostrar su nivel de juego, la pobreza del equipo se hace más evidente en su estadio
El Athletic se retrata en casa
SIN ACIERTO. Etxeberria batalló sin suerte para salir airoso ante la defensa espanyolista.
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Se consiguió en Balaídos el objetivo soñado de las dos victorias consecutivas y se suspiraba por lograr ayer el más difícil todavía, el triple salto mortal de un tercer triunfo que permitiera al Athletic comenzar a respirar tranquilo y poner distancia con sus rivales. No pudo ser. Los rojiblancos tuvieron que conformarse con arañar de milagro, en el tiempo de descuento, un empate que no merecieron. Porque lo cierto es que el Espanyol fue superior y que sólo la falta de puntería de Pandiani con su rifle impidió a los 'periquitos' llevarse los tres puntos de un San Mamés cuyas tragaderas parecen infinitas. Qué forma de apoyar a un equipo cuyo fútbol oscila entre lo deprimente y lo irritante, un equipo cuya mayor virtud actual, aparte de su entrega sin límites, es su suerte, eso que los chavales llaman 'potra', en los tiempos de prolongación. Lotina, que a estas horas seguirá mesándose los pocos cabellos que tiene, puede dar fe.

Más allá de la explosión de alegría que provocó el empate in extremis conseguido por Yeste pasado el minuto 95, el partido volvió a extender la preocupación entre la hinchada rojiblanca. El nudo regreso a su lugar en la garganta. ¿El motivo? Pues que la gente volvió a constatar la evidencia dolorosa que le lleva alarmando toda la temporada y que, en un alarde de voluntarismo cegador, de eso que los ingleses llaman 'wishful thinking', había empezado a olvidar con los dos últimos triunfos: que el Athletic de Clemente no juega nada, que sigue siendo un bloque sin hacer, plano y sin gol, y con demasiados jugadores en un deplorable estado de forma.

La iniciativa

De ahí, por supuesto, los problemas que sufren los rojiblancos cuando juegan en su estadio. Está claro que fuera todo es más fácil para los equipos de poco lustre. Lejos de San Mamés, sin la obligación de llevar la iniciativa, uno puede salir disfrazado de frontón Beotibar o de guerrero del antifaz. De lo que quiera. Pero en casa, y mucho más delante de 40.000 fieles dispuestos a dejarse el alma animando a los suyos, los equipos quedan retratados con crudeza porque deben mostrar el fútbol que tienen. Y el juego del Athletic, diga lo que diga su entrenador, está bajo mínimos. Tanto es así que, hoy por hoy, no tiene mucho sentido seguir hablando de los partidos que los rojiblancos tienen en casa -empezando por el del sábado ante Osasuna- como una ventaja en la lucha por la salvación. ¿Lo es de verdad? No lo parece, desde luego.

El Athletic comenzó y terminó el partido con dos golpes de fortuna: una clara ocasión de Corominas en el minuto 1 y el gol de Yeste en el minuto 95. Entre medio, lo que hubo fue una primera parte mala e igualada, llena de patadas, trompicones y faltas. Hasta 26 señaló el amigo Teixeira, otro que se las trae con el silbo y la tarjetas. Sin más ideas que lanzar balones arriba para que brincara Aduriz, los bilbaínos intentaron sobrevivir con los mendrugos de la estrategia: una falta de Yeste pasada la media hora y el penalti -regalo de Gorka Iraizoz- errado por Aduriz. En esta jugada desgraciada se pudo escribir otro partido, pero no fue posible. Lo peor es que sucedió todo lo contrario y que, entre Costa y Juanfran, los mejores hombres de Lotina ayer, lograron poner poco después el 0-1 en el marcador. Era el minuto 38.

El gol tuvo un efecto devastador para el Athletic. Puede decirse que lo desnudó y a nadie pudo gustarle lo que vio. Con este nivel de juego, el sufrimiento, este mal sueño en el que estamos envueltos desde septiembre, está garantizado.



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