José Luis Rodríguez Zapatero esperaba desde hace un año la noticia que el Centro Nacional de Inteligencia le dio ayer. El presidente del Gobierno contaba desde 2004 con información privilegiada de los servicios de información y fuerzas de seguridad que alimentó sus esperanzas de tregua. Datos que prefirió trasladar a la ciudadanía de manera dosificada, al tiempo que lanzaba mensajes al entorno de los terroristas.
Las primeras palabras las pronunció en San Sebastián el 15 de enero de 2005, cuando anunció que el Gobierno haría «esfuerzos» para lograr la paz si la banda dejaba las armas y Batasuna condenaba la violencia. Al pronunciar aquellas palabras, alimentó fuertes rumores de una próxima tregua, que se hicieron más intensos en febrero y mayo de 2005, y otra vez en febrero de este año, en esta última ocasión después de asegurar que el «principio del fin» estaba cerca. El hecho de que fuera el propio jefe del Ejecutivo quien fomentara esa esperanza generó cierta ansiedad en los socialistas, que pasaron de una euforia inicial a la cautela.
El comunicado hace encajar, al mirar hacia atrás, algunas piezas del puzzle. Por ejemplo, la firmeza del jefe del Ejecutivo frente al plan Ibarretxe, rechazado sin grandes dramas por el Congreso, y la tranquilidad con la que asumió la irrupción de EHAK. Atrás quedan veinticuatro meses en los que la AVT se manifestó con furia contra la política antiterrorista, y en los que PSOE y PP convirtieron el 'Pacto por las Libertades' en 'papel mojado', lo que empujó a los populares a usar la lucha antiterrorista para desgastar al Ejecutivo.
El alto el fuego era la máxima aspiración de Zapatero desde mucho antes de llegar a La Moncloa. Así se lo transmitió a José María Aznar en verano de 2000: «Quiero que sepas que nada me haría más ilusión como líder político que ver el fin del terrorismo siendo tú presidente del Gobierno y yo jefe de la oposición».