La temporada de esquí 2006 se acerca a su fin con la llegada de Semana Santa y la Pascua. Estas fechas son las elegidas por un nutrido grupo de esquiadores para volver a ponerse unas tablas que abandonaron el año anterior por estas fechas. Lo hacen sin preocuparse por los meses de inactividad. No son conscientes del riesgo de lesiones que conlleva.
Tenemos que concienciarnos de que el esquí alpino es un deporte completo, anaeróbico, de descargar baterías rápidamente, intensidad elevada y duración limitada. Cuando comenzamos a esquiar se producen una serie de adaptaciones inmediatas en lo organismo. Se activan todos los músculos del cuerpo, con mayor incidencia en los hombros, los abdominales y las piernas, especialmente las rodillas.
Lo ideal es llegar a la nieve con un mínimo de ejercicio acumulado en el organismo (montaña, bicicleta, jogging, subir escaleras, etc.). Pero está claro que a estas alturas de la temporada puede ser imposible e incluso contraproducente tratar de recobrar el tono muscular perdido. Una serie de ejercicios básicos nos evitarán lesiones.
Evitaremos comenzar a esquiar nada más llegar a las pistas. Es un gran riesgo iniciar un deporte con los músculos fríos y tensos. Aunque muchos lo consideren ridículo debemos empezar con estiramientos sencillos (por los menos 10 minutos): flexiones y giros de tronco de pie, que repetiremos en el suelo. Los músculos se calentarán y minimizaremos el riesgo de lesión.
Al final de la jornada de esquí es aconsejable repetir los estiramientos para que los músculos recuperen su tono. Quizá así evitaremos las temidas agujetas, algo que los esquiadores ocasionales conocen de primera mano.
También es importante no forzar al organismo. Querer aprovechar al máximo la jornada de esquí es el primer eslabón de una cadena de lesiones, incluso de problemas cardíacos.