No hay semana en la cual no se estrene algún título dirigido al público devorador de cine de terror. Los amantes de la hemoglobina barata pueden aderezar sus palomitas con sangrantes vísceras de mentirijillas en la sala oscura de la mano de 'Hostel', una cinta de miedo para espectadores con mentalidad adolescente que llama la atención en la cartelera por el nombre de su productor: Quentin Tarantino. El director de 'Kill Bill' apadrina a su colega Eli Roth, responsable de la sobrevalorada 'Cabin Fever', un debut que dio de qué hablar entre los aficionados a la casquería audiovisual, a pesar de su escasa enjundia. El segundo trabajo de este cineasta aficionado a la purulencia tampoco tiene donde rascar y se reveló como otro divertimento gore, inane y escasamente original, donde lo único que cuenta es epatar al personal.
'Hostel', además, es una película peligrosa en su mensaje: los americanos son gente con buenas intenciones mientras en Europa hay un lado oscuro inquietante. Sin embargo, ni este problema ni su poca entidad como filme fantástico han empañado una sorprendente trayectoria en la taquilla americana. La cinta amasó más de 17 millones de euros en su primer fin de semana, situándose por encima de 'Las crónicas de Narnia' y el 'King Kong' de Peter Jackson, sin importar su calificación como no recomendada a menores.
Sangre y más sangre
¿Pueden los sustos facilones y los cubos de sangre con las superproducciones? ¿Qué busca el público en este tipo de estrenos? Las propuestas que explotan la eterna fórmula a lo 'Viernes 13' siguen funcionando entre la gente, a tenor del inesperado resultado que nos ocupa. La calidad cinematográfica, la narración, los actores y la puesta en escena poco importan cuando la pirotécnia cárnica y la anatomía desatada, léase despedazamientos, desmembramientos y demás atrocidades en pantalla grande, son las que mandan. Son el mensaje. Los múltiples usos de una caja de herramientas sobre una persona siguen estremeciendo al patio de butacas.
'Hostel', de la que ya se prepara su secuela, narra las vacaciones de unos jóvenes universitarios norteamericanos que recorren Europa con sus mochilas, obsesionados con el sexo femenino, al que quieren conocer por dentro y por fuera. Sin embargo, nada es lo que parece, y el viaje de esparcimiento se convierte en una pesadilla. Alguien se aprovecha de los pobres viajeros extranjeros hasta el punto de amenazar cruelmente sus vidas. Visto este planteamiento, supuestamente basado en hechos reales (un reclamo muy discutible), no es de extrañar que el guión fuera escrito en apenas tres semanas, tal y como presume Roth, más en su contra que en su beneficio.
'Hostel' tiene poco que ver con la filmografía del responsable de 'Pulp Fiction', salvo el abuso de escenas sanguinolentas, en esta ocasión descaradamente gratuitas. La sombra de las 'snuff movies' (películas sobre muertes reales) planea sobre un argumento donde no faltan las escenas de violencia explícita, pero sin el sentido del humor negro marca Tarantino.
Eli Roth va de nuevo 'enfant terrible' de Hollywood, pero no le llega a su productor ni a otros cineastas coetáneos influenciados por el celuloide oscuro a la suela de los zapatos. Otro que hace cine porque mola y se muestra entusiasmado, con aires de pijo, cuando los espectadores ponen cara de asco ante su obra. Así lo demostró en Sitges, donde presentó el filme y repitió una y otra vez que se sentía extrañado porque nadie se había desmayado durante la proyección como en Toronto. Por suerte, la razón del rechazo al filme no siempre se debe a la avalancha de salvajadas. Aún hay a quien le importa la calidad cinematográfica, incluso en este género.