¿No convence Cyrano de Bergerac con la jeta de Depardieu y Shakespeare tamizado por Kenneth Branagh? El director Manuel Iborra se ha propuesto demostrar la vigencia de nuestros clásicos, y ha puesto a Silvia Abascal a hablar en verso en 'La dama boba', adaptación de la inmortal comedia de Lope de Vega. Pese a ese título, la actriz ve incluso ramalazos feministas en el Fénix de los Ingenios: «Lope dio un espacio muy importante a la mujer en sus obras: 'El perro del hortelano', 'Fuenteovejuna' La mujer desencadena, manipula, seduce, mueve ficha».
Un diez en literatura para esta madrileña de 26 años, que se pone en la piel de una mema que, a la postre, no lo es tanto. «Tuve que mirar a través de los ojos de una niña no fingida, sino real. Finea persigue a las gallinas y mira a un hombre por primera vez. Es tan inocente que no sabe qué es el amor ni los celos». Lope concibió a una dama boba que adquiere sapiencia gracias al amor de un truhán interesado en su dote (José Coronado, con más rímel que el Johnny Depp de 'Piratas del Caribe'). «De boba no tiene un pelo. Su inteligencia está dormida pero luego despierta», zanja Abascal.
Presentada a concurso en el Festival de Málaga la víspera de su estreno en las salas, 'La dama boba' conserva la métrica en verso de los diálogos escritos por Lope. «Yo respeto el verso, pero no le tengo miedo», defiende una habitual del teatro. «Se trata de saborear las palabras, más allá de la técnica. Durante el rodaje me descubrí mandando mensajes en verso por el móvil. Ahora estreno una obra de teatro sobre una yonqui en el Madrid de los 80, 'Siglo XX, que estás en los cielos', y empleo unas palabrotas que no he usado en mi vida».
Cuestión de físico
Cualquiera lo diría con la voz dulce y el aire melancólico que gasta. «Sé que tengo un físico proclive a hacer papeles de época, cercano a una Julieta, una Ofelia . Pero gracias a Dios los directores no buscan una personalidad, sino a un actor. Sé que no tengo cara de yonqui, pero, oye, lo puedo hacer».
Un repaso a su filmografía desdice la imagen etérea y de época. Abascal ha rodado melodramas -'El tiempo de la felicidad'-, 'thrillers' -'La voz de su amo', 'Lobo'- y comedias como 'A mi madre le gustaban las mujeres', donde se ganó a muchas admiradoras por su desopilante papel de lesbiana. Hace poco estrenaba 'Vida y color', donde aparecía con su hermana en la vida real, aquejada de síndrome de Down. Ya hace doce años que la serie 'Pepa y Pepe' la puso en el mapa. Y mucho más que acompañara a una amiga a un 'casting' del 'Un, dos tres '. Chicho Ibañez Serrador mandó a la amiga a casa y le brindó a Silvia un papelón: era la niña de 'El exorcista' que lanzaba blasfemias atada a una cama.
En Sudán
«Mi carácter es muy, muy discreto. La indiscreción es de los defectos que peor llevo», confiesa. «El descaro, la mala educación, una mirada fija cuando voy por la calle Me pongo gafas de sol, me rizo el pelo y paso desapercibida. Hasta ahora recibo mucho cariño, aunque a veces se me acercan para pedirme un autógrafo y me dicen que no saben quién soy. En fin, no tienen por qué conocernos a todos».
Silvia Abascal sólo saca provecho de su popularidad por una buena causa, de ahí que lleve dos años dando la cara por Unicef y viajando a países en conflicto para esos bonitos reportajes que después publican las revistas del corazón. «Es la única arma útil de la popularidad: salir en un medio para hablar de algo más que de tu próximo estreno».
Ha estado en Marruecos, Benin, Palestina Pero no se le quita de la cabeza Darfur, en Sudán. «Viajé en plena crisis de emergencia. Millones de desplazados. Sin nada. A la vuelta me bajé del avión y me fui al festival de San Sebastián. Surrealista. Qué desgana: no tiene ningún sentido que en seis horas de vuelo pases de un sitio sin agua potable a otro donde la preocupación era qué me ponía para la alfombra roja».