El Correo Digital
Viernes, 24 de marzo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CULTURA
A PROPÓSITO
Lejanías
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

En la lejanía, vista en el espacio infinito, la Tierra es una preciosa alhaja que flota en la negra nada silenciosa. Así la ven los astronautas, los héroes aventureros de esta época. Entonces cabe preguntarse por qué se obstinan en dejar por un tiempo este paraíso azul para ir a perderse en el éter tras un largo periodo de pruebas, un muy dilatado y arduo entrenamiento por el que se adaptan a situaciones límites que les obligan a sufrir un bombardeo de radiaciones; a ver a su cuerpo transformarse en informe amasijo de carne y huesos por efecto de la ingravidez; a aburrirse como ostras en galaxias incógnitas durante los meses de un viaje monótono hacia un astro lejano; y probablemente, resistir a punto de estallar como petardos en la negrura eterna a la espera de lo desconocido, de quién sabe qué, quién sabe dónde y cuándo, en compañía de tres o cuatro colegas encerrados en diez metros cuadrados para finalmente, con suerte, posarse sobre un planeta muerto, sin aire, sin ríos, sin bosques, sin colores ni perfumes.

Los exploradores espaciales son una especie singular que después de haber vivido la experiencia de emprender rutas inexploradas en el Universo coinciden básicamente en considerar que todo el mundo debería darse una vuelta por las avenidas siderales para tomar conciencia de la fragilidad de nuestro pequeño globo terráqueo. Un necesario pero improbable paseo. Coinciden los viajeros del cosmos en señalar que lo que les impele desde lo más hondo de su ser es una curiosidad cuasi instintiva, la misma que hace que un niño de pocos años busque salir de lo que se le antoja un encierro que limita y estrecha su existencia y entonces enfila por pasillos e intenta hallar una salida que con el tiempo, creciendo y buscando, nunca se sabe si se abrirá una puerta tal vez incluso a Marte. Mientras tanto, en un rincón del continente americano yacía desde siempre a oscuras como el arpa callada del poeta, una bellísima cascada, un magnífico salto de agua, una maravilla natural oculta entre la maleza de la selva peruana. Ignorada y tan cerca, a la vuelta de la esquina, estaba la última catarata descubierta a añadir a las rutas turísticas que ya incluyen ofertas para entrar en órbita.



Vocento