No hay forma de visionar algo medianamente original en relación con el cine adscrito al género de terror, ni siquiera por parte de los realizadores orientales más encumbrados, como corresponde a James Wong, del que conviene advertir al gran público de sus anteriores trabajos tras las cámaras, incluidos 'El único' y 'Destino final', con lo cual resulta fácil adivinar por dónde van los tiros en esta sanguinolenta tercera entrega de una franquicia que atufa. Por otra parte, cabe pensar que los productores de Hollywood utilizan cintas como la presente, a modo de trampolín para actores de nuevo cuño. En el caso que nos ocupa en relación con un grupo de chicos y chicas, que deciden pasárselo pipa en un mareante parque temático.
Personajillos interpretados por Mary Elizabeth Winstead, Ryan Merriman y compañía, curtidos en la pequeña pantalla, inexplicable caso de comediantes negados, dispuestos a destronar a otros efímeros aspirantes al estrellato, como son los que interpretaron en su momento cintas tan taquilleras como 'Pesadilla en Elm Street', 'Scream' y 'Sé lo que hicisteis el último verano'.
La dudosa novedad en 'Destino final 3' puede estar en la inclusión de las técnicas digitales como elementos distintos del embrollo, sin que ello impida el habitual despliegue de casquería a manta. En definitiva, la estulticia campa por sus respetos en esta pseudopelícula, en la que, además, un final abierto deja la posibilidad de enjaretarnos otra sucesión de insensateces.