La Agenda de Lisboa para la modernización de la economía de la UE debía constituir el núcleo de la reunión de primavera de los jefes de Estado o de gobierno. Pero esa cuestión estaba ayer subordinada a otras urgencias, como el debate sobre la energía que, aún formando parte de aquella iniciativa, tiene una entidad propia.
Después de que, hace ahora un año, el Consejo Europeo rebajara los objetivos de la Agenda al eliminar referencias concretas sobre el nivel ocupación deseable para 2010 y la prioridad del pleno empleo, la estrategia de los 25 para la reforma económica depende de los programas nacionales que los socios comunitarios han presentado a Bruselas.
La cumbre de ayer, por lo tanto, no establecía nuevas prioridades, sino que confirmaba las ya asumidas: investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), apoyo a las 'pymes' y fomento del empleo en las categorías consideradas ya prioritarias (mujeres, jóvenes, trabajadores de más edad, discapacitados, inmigrantes legales y minorías). Los líderes europeos se mostraron, en su mayoría, contrarios a establecer objetivos cuantificados de empleo para esos colectivos, como en general para todas las materias de la Agenda sometidas a discusión. El carácter difuso en el que se desenvuelve la estrategia de Lisboa no obtuvo, por lo tanto, grandes precisiones de los 25.
Hace un par de semanas, el centro Bruegel, un grupo de reflexión que preside el ex comisario Mario Monti, ponía en tela de juicio las posibilidades de la Agenda de Lisboa para imponerse como factor de modernización económica de la UE. La inexistencia de un liderazgo político claro en su formulación y gestión constituían la crítica determinante de este 'think tank'. El Consejo Europeo que hoy concluye, no ha contribuido a mejorar el perfil, demasiado plano, que ofrece la iniciativa.