El 22 de marzo no sólo fue el día de la tregua, también fue el Día Internacional del Agua y las Naciones Unidas lo han celebrado con un evento de máxima trascendencia internacional en la ciudad de México. Algunos datos para empezar: se calcula que 1.000 millones de personas carecen de acceso al agua potable limpia y que son 2.600 millones (la mitad de la población de los países del sur) los que carecen de retretes o servicios de saneamiento (ver informe Objetivos Desarrollo del Milenio 2005 de las Naciones Unidas). Las consecuencias son horribles: hasta un 80% de las enfermedades en países del sur podrían estar relacionadas con el consumo de agua contaminada y 6.000 niños menores de 5 años mueren al día por esta causa.
Se habla mucho estos días del agua como generadora o como objeto de futuros conflictos internacionales en espantosos escenarios apocalípticos. Es posible que si no hacemos nada sea así, pero yo prefiero hablarles hoy del agua como generadora o como objeto de acuerdos, internos e internacionales, como oportunidad de cooperación y de construcción de un país mejor y de un mundo mejor. Para empezar, los Objetivos del Milenio con los que la comunidad internacional y nuestro país están comprometidos incluyen reducir a la mitad para 2015 el porcentaje de personas que no tienen acceso al agua potable. Es un buen inicio con el que nuestras instituciones y nuestros ciudadanos, es decir todos nosotros, debemos responsabilizarnos.
El acto más importante de la celebración del Día del Agua en México ha sido la presentación mundial por parte de la ONU del Informe Mundial sobre los Recursos Hídricos, un informe para el que se han unido 24 agencias y programas de las Naciones Unidas y cuya coordinación ha sido encomendada a la Unesco.
En este informe se estudian los principales retos mundiales de la gestión del agua: los problemas asociados al agua no son fundamentalmente técnicos, sino políticos y de gobernabilidad local y mundial, y su resolución comienza por respetar el acceso universal al agua potable como un derecho humano exigible cuya garantía de disfrute efectivo es responsabilidad última de las autoridades públicas. Como dice el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, «los Estados deben adoptar medidas eficaces para hacer efectivo el derecho al agua sin discriminación alguna».
Este Informe Mundial sobre los Recursos Hídricos concluye con la presentación de 16 estudios de caso de todo el mundo de gestión de estos recursos, entre ellos el caso del País Vasco. Hemos tenido ocasión de presentar en este Foro Mundial del Agua las particularidades de la gestión de recursos hídricos en un entorno como el nuestro, reducido, industrial, de una alta densidad de población, con un elevado nivel de vida y con una extendida sensibilidad social en materia medioambiental. Y también hemos tenido ocasión de conocer otras experiencias (los casos de México, de Japón, de Francia, de Sudáfrica, de Mali o de Tailandia por citar sólo unos cuantos). Hemos sumado, cada uno con sus aciertos y sus limitaciones, ideas, hemos compartido convicciones y no pocas preocupaciones e incluso incertidumbres, dando un conjunto magnífico de experiencias y reflexiones de todo el mundo que es el Informe Mundial que les comento.
Ha sido bonito que las cuatro primeras lenguas en las que el informe se presenta en México hayan sido el inglés, el francés, el castellano y el euskera. Ver las cuatro versiones una junto a la otra en la presentación mundial del informe y al Director General de la Unesco eligiendo la edición en euskera para sacarse las fotos con la prensa en el acto central, hace pensar que el euskera también puede, con toda su modestia, buscar su lugar en la comunidad de lenguas del mundo, para estar entre las que quieren participar en la construcción, junto con las demás, un mundo mejor. Ojalá las 6.000 lenguas del mundo, muchas de ellas en peligro de extinción, pudieran decir lo mismo.
En el acto cumbre participaron, junto al director general de la Unesco, numerosos ministros de todo el mundo, incluida nuestra Consejera de Medioambiente, Esther Larrañaga, a la que le tocó dirigirse a todos ellos desde la mesa presidencial. Esta participación a nivel ministerial de un representante vasco en un acto oficial de las Naciones Unidas de semejante nivel ha sido otro hito marcado en México. Demuestra además las posibilidades de participación internacional para una entidad no estatal como la vasca cuando se trabajan bien las alianzas con todas las partes: con la ONU y la Unesco, por un lado, y con los ministerios de Asuntos Exteriores y de Medioambiente de España, por el otro.
Por eso creo que lo sucedido en México nos da una doble lección. Por una parte nos muestra caminos para cumplir el compromiso vasco de participación directa en los retos del multilateralismo, especialmente en los relacionados con los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Pero también se trata de un ejemplo de saber coordinarse con España para la acción internacional, respetando los diversos ámbitos competenciales de cada cual, para desarrollar en la práctica real, más allá de discursos bizantinos, disquisiciones esencialistas sin fin ni posibilidad de acuerdo o lecturas estrechas de uno y otro lado, la idea de un estado plural con actores diversos, en ocasiones nacionales, que, según sus competencias, pueden y deben adquirir presencia propia, activa y diferenciada, como ha sido el caso en México, en la comunidad de naciones. Ha sido por tanto un éxito de todos para el beneficio de todos. La presencia de una representación parlamentaria que incluía a todos los partidos, encabezada por la presidenta de la Comisión de Medioambiente del Parlamento Vasco, Gemma Zabaleta, fue la mejor respuesta.
Luego llegaría la noticia de la tregua permanente, que por cierto fue ovacionada interrumpiendo los discursos por las 1.500 autoridades y delegados de todo el mundo presentes en la sala en un momento ciertamente emocionante para quienes estuvimos allí. Pero sobre la tregua ya tendrán estos días otros artículos que leer. Éste acaba aquí.