Tal vez harta de que su ex marido, Brad Pitt, no acuda a recoger la ropa que dejó olvidada en la que fuera su casa, y viendo que, tal como me lo viste actualmente Angelina, tampoco tiene el hombre pinta de volvérsela a poner, Jennifer Aniston ha decidido donar los antiguos pantalones, trajes, camisas y camisetas de Pitt a un centro de caridad. Y, para evitar el morbo y la especulación, se ha apresurado a mezclarlos en los cestos con otras prendas perdidas, quizá procedentes a su vez de otros divorcios.
Es evidente que si la ropa hablara, sobre todo la interior, podría decir de la persona mucho más que su propio psicoanalista. Pero, dado que es muda, la posibilidad de que unos gayumbos de Brad Pitt concedan una suculenta exclusiva parece más bien remota.
Sí podría ocurrir en cambio que la concediera el sujeto que lograra hacerse con ellos; pues hoy en día hay mucha gente con las meninges perjudicadas por culpa de la serie 'CSI'. Y estos espontáneos forenses están prestos a diseccionar cualquier cosa que caiga en sus manos con una avidez y un entusiasmo dignos del profesor Frontela en sus mejores tiempos.
Tal vez por esa razón y no por otra, Aniston ha reprimido las ganas de hacer lo que hizo en su día la ex mujer de Pipi Estrada: lanzar la ropa del infiel cónyuge por el balcón. Tirarla a la basura tampoco habría servido de mucho, pues de nuevo volvemos a lo mismo: las mansiones de Beverly Hills están permanentemente acechadas por zopilotes con dos piernas que hurgan en las basuras de las 'celebrities' en busca de algo que pueda venderse en una subasta o contarse en un plató. Quizá lo más efectivo habría sido quemarla. Pero, claro, ¿qué tamaño hubiera alcanzado la hoguera capaz de destruir tanta vanidad? Me temo que inconmensurable.