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Domingo, 26 de marzo de 2006
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CULTURA
CULTURA
OPINION/Un vicio extendido
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Es grave que los partidos políticos quieran imponer su propia ideología en la cultura, en un bien superior que es diverso, plural y nunca sometido a militancia alguna. Pero es todavía más grave, seguro, que para lograr lo anterior esos mismos partidos no sólo impidan o restrinjan la pluralidad cultural, sino también la creación de estructuras para una industria cultural independiente y civil. Esto pasa, por ejemplo, cuando se subvenciona mayoritaria o exclusivamente con la idea de reforzar la identidad vasca o cuando se prima a los militantes o a los obedientes y encima se compite desleal y comercialmente utilizando el dinero público.

Obviamente, nadie niega que la cultura pública sea importante y necesaria, sobre todo porque es función primordial de los gobernantes la educación y la elevación del nivel cultural de los ciudadanos. De la misma manera, también es fundamental el apoyo a la identidad vasca, ya que su lengua o su cultura son elementos para la vertebración social. Sin embargo, lo que no es admisible es el exclusivismo, el dirigismo cultural y la beneficencia parcial de los afines ideológicos. Un vicio muy extendido entre los poderes públicos, cuya consecuencia más inmediata es la cultura endogámica, adocenada y acrítica.

Así pues, siempre es deseable la política cuando busca y promueve la diversidad y el intercambio cultural, pero es rechazable cuando sólo sirve a ideologías partidistas. En resumen, la cultura pública debería ser gestionada sin sectarismos, con un talante abierto y universalista, de forma independiente y profesional, buscando la diversidad y respetando la individualidad.



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