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Domingo, 26 de marzo de 2006
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ECONOMÍA
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Al borde de la ruptura
Tras dieciocho años de unidad, la devolución a UGT de 151 millones por el patrimonio sindical incautado durante la Guerra Civil ha colocado sus relaciones con CC OO en un estado crítico
Cándido Méndez y José María Fidalgo, en una foto de 2002, cuando las relaciones entre sus centrales eran mejores. / EL CORREO
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Las relaciones entre CC OO y UGT atraviesan su peor momento en dieciocho años y amenazan la unidad de acción entre ambos sindicatos, uno de los activos más importantes que han gestionado durante dos décadas. El deterioro ha tenido su origen en la decisión del Gobierno socialista de abonar a UGT 151 millones de euros en concepto de patrimonio incautado durante la Guerra Civil, una demanda histórica de la central que dirige Cándido Méndez y que ya había presentado con amplia documentación al Ejecutivo del PP.

La llegada de dinero fresco a UGT en un año en que se concentran la mayor parte de las elecciones en las empresas ha sido recibida por CC OO como un 'bofetón', ya que la disposición de medios económicos es una baza de primer orden a la hora de pelear por la mayoría sindical, que en estos momentos disfruta. Además, la decisión por parte del Gobierno de saltarse la comisión consultiva de devolución del patrimonio sindical, creada precisamente para casos como éste, ha dado a CC OO argumentos para oponerse a una medida por la que se siente perjudicado, por más que el dinero entregado a UGT tenga como destino el tapar las 'trampas' en que se metió esta central con la quiebra de la Promotora Social de Viviendas (PSV) en 1993.

En el Constitucional

El momento más crítico de las relaciones entre ambas centrales se produjo a finales de la semana pasada con motivo de la presentación por parte del PP de un recurso ante el Tribunal Constitucional contra la medida, después de comprobar UGT que el partido al que tanto combatió cuando estaba en el poder ha utilizado documentación usada por CC OO, «incluso con erratas», para argumentar su demanda. De ahí a acusar a la dirección de ese sindicato de «estar en manos del PP» no ha habido más que un paso, dado por Cándido Méndez, que ha tenido como inmediata respuesta de CC OO la de plantearse si es posible la unidad de acción ante esta sucesión de descalificaciones mutuas. Su secretario general, José María Fidalgo, había calificado previamente la iniciativa del Gobierno de «atentado contra la libertad sindical» y de trato de favor a la central socialista.

En dieciocho años, la unidad de acción ha salvado todos los escollos, pero nunca las aguas habían bajado tan revueltas como ahora. Desde el comienzo de la unidad de acción que supuso la huelga general convocada contra el Gobierno socialista en 1988, las crisis más agudas tuvieron lugar en 1998 y 2001; en ambos casos, por las discrepancias de la central de Méndez con los acuerdos alcanzados por CC OO con el Ejecutivo del PP. En el primer año, el pacto se refería a la incentivación de la contratación; y en el segundo, a la reforma de las pensiones.

También hubo otra crisis importante en 1991, entonces a causa de las elecciones sindicales, pero en todos los casos la prudencia y las ventajas y conquistas que ha permitido la unidad de acción pudieron más que los intereses particulares o las interpretaciones de cada central.

En la actualidad, CC OO y UGT mantienen también discrepancias en la negociación de la reforma de las pensiones. Mientras que la central de Fidalgo aboga por adoptar medidas que permitan vislumbrar desde ahora mismo la viabilidad futura del sistema -por ejemplo, la ampliación del periodo de cálculo, situado en la actualidad en 15 años- , desde UGT la posición es de esperar, dada la actual situación de fuerte superávit del sistema.

Romance con el Gobierno

Otro factor de discrepancia es la desconfianza con la que CC OO ha observado en los dos últimos años el 'romance' del Gobierno con el sindicato socialista y que llevó a Fidalgo a resaltar la «autonomía sindical, el rigor, la inteligencia...» como garantía de los trabajadores, durante la celebración del congreso de UGT de junio del año pasado, en presencia de José Luis Rodríguez Zapatero y del propio secretario general de UGT.

En unos pocos días se podrá vislumbrar si una posible ruptura tiene futuro o no, cuando las dos principales centrales sindicales de España decidan sobre la celebración del Primero de Mayo. Una conmemoración conjunta, como la que se viene realizando todos los años desde 1989, supondrá el retorno de las aguas a su cauce, mientras que una decisión en sentido contrario sería la plasmación de unas divergencias que nadie sabe a dónde pueden conducir.



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