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Domingo, 26 de marzo de 2006
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SOCIEDAD
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Ojos en la red
La ONCE, que destina más de dos millones de euros en Euskadi a inversiones sociales, se plantea como reto que todas las páginas webs sean adaptadas
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DELEGADO. Cristino Burgoa, en la sede vasca. / FERNANDO GÓMEZ
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«Yo veo poco, pero disfruto de la vida como los demás», explica Cristino Burgoa, delegado territorial de la ONCE en el País Vasco. Esta reflexión es la máxima sobre la que se apoyan los diferentes programas sociales de esta entidad, que en el País Vasco invierte más de dos millones de euros al año en conseguir que la integración de las personas con problemas de visión sea posible, «porque una sociedad es más avanzada cuanto mejor integra a todos sus ciudadanos», señala. La ONCE acaba de conceder los premios Solidarios, en su segunda edición, creados para reconocer la labor de personas y entidades que trabajan en favor de la discapacidad.

Un total de 3.350 afiliados, cuya visión es inferior al 10%, componen el colectivo de la ONCE en el País Vasco, de los que cerca del 60% supera los 60 años de edad. Sin embargo, para muchos de ellos la informática es una herramienta «valiosísima» con la que pueden lograr su plena incorporación a la sociedad. «Es una ventana abierta a la cultura, a la lectura y a la información», señala Burgoa, quien reconoce que la entidad que representa tiene entre sus principales retos conseguir que todas las páginas webs sean adaptadas y accesibles. «Es nuestra pelea y mantenemos negociaciones con grandes empresas como Microsoft y Macintosh para que sus nuevas aplicaciones salgan al mercado ya adaptadas».

Burgoa recuerda, además, que el CIDAT, el Centro de Investigación, Desarrollo y Aplicación Tiflotécnica de la ONCE, trabaja en la creación de todo tipo de aparatos adaptados para ciegos. «Coger velocidad con el braille exige tiempo, paciencia y fuerza de voluntad, por lo que nuevos sistemas como el mp3 nos permiten, por ejemplo, almacenar media docena de libros y poder escucharlos mientras estás en el autobús, en el tren o en casa», explica el responsable de la organización en Euskadi.

Junto al desarrollo de programas de ocio destinados a conseguir la socialización de las personas con problemas de visión, la organización dedica parte de sus recursos sociales a los centros de recursos de invidentes, dependientes del Gobierno vasco, para estimular la vista de los niños afectados por esta discapacidad. Asimismo, la entidad dedica sus inversiones a la dotación en centros escolares de aparatos adecuados para que los alumnos invidentes puedan seguir las clases y de ordenadores adaptados con un magnificador de caracteres y un lector de voz. «En definitiva, todos los instrumentos para llevar una vida lo menos dependiente y lo más autónoma posible», señala el delegado de ONCE en el País Vasco.

«También enseñamos a las personas que han perdido la vista siendo ya adultos a salir de la depresión en la que se sumergen cuando esto les ocurre. Y les enseñamos todo: desde freír un huevo hasta hacer la cama, poner la lavadora todas las tareas del día a día», manifiesta.



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