Las causas de la rendición de las tropas nacionalistas en Cantabria a finales de agosto de 1937, tras la ocupación de Vizcaya por los rebeldes, constituyen uno de los episodios más controvertidos de la Guerra Civil española y, según Xuan Cándano, existen diversas razones políticas para no explorarlas. «Se mantiene el halo de misterio porque a nadie le interesa desvelar la verdad del Pacto de Santoña», asegura. «Al PNV no le apetece que se revele la rendición pactada de su ejército, por mucho que se disimulara, al franquismo tampoco le interesa mostrar la participación italiana en una batalla decisiva y el gobierno republicano lo ignoró porque demostraba la división en su seno y, además, corría el riego de perder el aval de los vascos ante Europa, reticente a prestar su apoyo ante los excesos en la represión». Este periodista asturiano ha escrito un libro sobre aquellos hechos y disertará sobre su relevancia en un nuevo encuentro de El Aula de Vocento, mañana en Bilbao.
En su opinión, la historiografía ha obviado este capítulo, a excepción de una obra del sacerdote Alberto Onaindia, protagonista frecuente de las largas conversaciones entre los vascos y los representantes de Benito Mussolini. «Se publicó en 1983 y se trata de una aportación maldita, casi imposible de localizar», advierte. En cualquier caso, el conferenciante recalca la condición de acuerdo negociado y niega que se tratara de una derrota forzada, tal y como se ha mantenido habitualmente. «No fue un hecho inevitable, un lance bélico más, porque se venía negociando desde hacía meses», señala.
Las razones de esta postura tampoco parecen diáfanas. A juicio de Cándano, la pérdida del territorio privó de motivos para luchar al ejército autonómico, aunque sus dirigentes arguyeron la responsabilidad de Madrid al no haberles enviado aviones para hacer frente a la ofensiva franquista. «Este punto no se ha aclarado, pero creo que si faltó apoyo no fue porque no lo quisiera Indalecio Prieto, entonces ministro de Defensa, un hombre muy ligado a Bilbao y deprimido por su caída».
«Todos traicionaron»
También destaca que la desafección no resultó excepcional. «Lo cierto es que todos traicionaron a la República: vascos, catalanes, los partidos teóricamente leales con sus divisiones internas y enfrentamientos armados, y las democracias europeas con su inhibición».
El estudio también desvela las divisiones en el País Vasco. En sus páginas se describe la difícil convivencia de dos milicias que obedecían a mandos distintos, uno nacionalista, conservador y católico, y otro formado por seguidores de la izquierda y anarquistas, muchos participantes en la Revolución de 1934 y asombrados de las misas castrenses de los primeros. «Las relaciones eran inexistentes porque les separaba un mundo», advierte. A pesar de las divergencias, el escritor también reconoce que el ámbito del gobierno de José Antonio Aguirre fue un oasis de relativa paz, el único de la España no invadida en el que se mantuvo la libertad de culto y se respetaron los derechos básicos de los rivales capturados.
El pacto fue un absoluto fracaso. La solución negociada implicaba la salida de los mandos políticos y militares por barco desde el puerto cántabro y la custodia italiana de las tropas, pero la irrupción de los franquistas evitó su ejecución. Los dirigentes fueron desembarcados y conducidos al penal del Dueso, aunque la represión no alcanzó la dureza aplicada en otras regiones.
El apresamiento frustró un proceso iniciado poco después de proclamarse la rebelión y en el que la Iglesia jugó un rol importante. «El Vaticano y los alzados no concebían que un territorio confesional no se sumara a su bando».
El ponente señala que la cúpula de los sublevados tenía noticias puntuales de los progresos en las charlas a través del nuncio papal en París y destaca la actividad al respecto de Onaindia. «Fue un personaje decisivo, negociador hasta el final, mediador por sus convicciones humanistas, un hombre culto, excepcional, que calló durante 46 años y que sólo reveló su labor cuando, ya en la Transición, algunos políticos locales faltaron a la verdad sobre lo ocurrido», indica.