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EL MOSAICO
Manu A. Gartzia, de Bilbao, se confiesa «no creyente de ninguna religión», si bien piensa que «hemos de respetarnos y, por lo tanto, en principio», no tiene «nada que objetar a que existan templos del credo que sea en las cercanías de mi casa». El motivo de tan precisa y pública declaración de fe es que, «recientemente, han inaugurado bajo mi domicilio (calle Olano) un local de la Iglesia Evangélica de Filadelfia. Tan solo lleva dos días de funcionamiento y ya todos los vecinos están que trinan, pues, además de permanecer a las puertas hasta la medianoche hablando y gritando, dejan la acera absolutamente repleta de restos de paquetes de chucherías, latas de refresco y botellas vacías. Parece que estamos en pleno recinto festivo en Semana Grande. No alcanzo a comprender cómo personas que lucen sus mejores galas para asistir al culto puedan hacer a la vez gala, valga esta vez la redundancia, de tan poco civismo y tan poca educación».
Javier Garetxana, de 25 años, no sólo se lleva bien con sus vecinos, sino que los envidia. «Como basauritarra, no tengo más remedio que felicitar al Ayuntamiento de Galdakao por su iniciativa con la BBK para construir casas de alquiler para gente que, como yo y mi novia, no podemos pagar de momento los alquileres desorbitados ni meternos en un pufo a 30 años. En Basauri, mientras, nos intentan vender la tontería de las casas conejera para 35 personas. Hemos perdido el rumbo hace tiempo».
Pilar Santos aplaude al Ayuntamiento de Bilbao «y a todos los partidos» por su «ejemplar unión» para impedir el «repugnante botellón» previsto para el viernes.
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