Este año 2006 se conmemora el 750 aniversario de la fundación de un buen número de villas vascas por parte del monarca Alfonso X el Sabio. Son los casos de Salvatierra, Corres, Santa Cruz de Campezo, Contrasta y Peñacerrada en Álava; y de Segura y Tolosa en Guipúzcoa. Al mismo monarca se debe igualmente la fundación, aunque en fechas algo posteriores, entre 1260 y 1272, de las villas de Villafranca de Ordicia, Mondragón, Vergara y Arceniega. Todas ellas recibieron el fuero Vitoria, que a su vez derivaba del de Logroño.
¿Qué supone fundar una villa? En primer lugar, hay que señalar que las villas pueden ser fundaciones 'ex novo' o la reconversión jurídica de un núcleo poblacional o aldea preexistente. En segundo lugar, suponen la creación de una jurisdicción territorial privilegiada en relación al área rural circundante. Esos privilegios representan la posibilidad de que los habitantes de la villa recién fundada pudieran elegir a sus autoridades municipales (autogobierno), disfrutaran de libertad personal, dispusieran de un mercado semanal franco, estuvieran exentos del pago de ciertas cargas tributarias, gozaran de inmunidad ante ciertas prácticas procesales, etcétera. En tercer lugar, la villa se singulariza del área rural circundante mediante la muralla que la rodea. Y, en cuarto lugar, en las villas se realizan actividades económicas ligadas al sector secundario y terciario. Todas estas cuestiones, y más, venían establecidas en el fuero fundacional, esto es, en el instrumento de derecho local que reglamentaba y organizaba la vida de las villas recién creadas. Por tanto, ya sea una fundación 'ex novo' o la reconversión de un núcleo poblacional previo, como ocurre con los casos de Arrasate, Ordicia o Hagurahin, la creación de una villa introducía en el territorio una nueva realidad jurídica, política, social y económica, que transformaba radicalmente la sociedad, dotándola de mayor dinamismo, y convirtiéndola en motor del desarrollo comarcal.
Otra cuestión que hay que explicar es qué razones llevaron al monarca Alfonso X el Sabio a establecer esta nueva red de villas en el territorio alavés y guipuzcoano, ya que el vizcaíno quedaba, por esas fechas, bajo la responsabilidad del Señor de Vizcaya. Entre 1180 y 1237 se habían fundado en la costa guipuzcoana las villas de San Sebastián, Fuenterrabía, Guetaria, Motrico y Zarauz, atendiendo a intereses geoestratégicos y económicos, ligados a la actividad mercantil y marítima. Las nuevas villas alfonsinas, por su parte, vendrían a repoblar el interior de la provincia y también estarían motivadas por intereses económicos; máxime, teniendo en cuenta que ahora surgía un nuevo eje comercial que ponía en contacto a Castilla con los puertos del Cantábrico y que necesitaba escalas a lo largo del mismo. Esta nueva ruta comercial Sur-Norte sustituía a la anterior Este-Oeste que seguía la dirección del Camino de Santiago. Pero junto con estas motivaciones también entraron en liza otras de orden geoestratégico, pues se trataba de reforzar la frontera entre Guipúzcoa y Navarra. A las nuevas fundaciones de Tolosa, Segura y Villafranca de Ordicia les correspondería desempeñar ese papel defensivo. Por último, el monarca pretendía fortalecer el dominio y el poder real en el territorio, al mismo tiempo que mermaba el de la nobleza feudal de los parientes mayores, como se evidenció con las fundaciones de Bergara y Mondragón, esta última rodeada de los señoríos de Vizcaya, Oñate y Aramayona.
Por lo que respecta al caso alavés, Alfonso X el Sabio también pretendió fortalecer su frontera con Navarra, creando una pequeña red de villas fortaleza enclavadas en lugares elevados: Salvatierra, Corres, Santa Cruz de Campezo, Contrasta y Peñacerrada. Ahora bien, no hay que olvidar que esas nuevas villas contribuirían igualmente al desarrollo de las actividades comerciales, gracias al mercado establecido en el fuero, y a facilitar el control real del territorio. Precisamente este último punto resulta especialmente relevante en el caso de Salvatierra. En efecto, la aldea de Hagurahin sería elevada a la categoría de villa en pleno territorio de la Cofradía de Arriaga. Esta Cofradía era una organización que funcionaba como un señorío apartado (sin funcionarios reales) y que aglutinaba a la nobleza feudal con intereses en Álava (Guevaras, Haros, Mendozas, Velascos, Ayalas...). Esa nobleza poseía tierras, aldeas e incluso personas, sometidas a relaciones de dependencia o que podían ser objeto de compraventa, como los collazos. Pues bien, en ese territorio de la Cofradía se fundó Salvatierra para establecer un control sobre los señores e incrementar el dominio real. Con el tiempo, tanto Salvatierra como Vitoria contribuirían a minar el señorío de la Cofradía, en la medida en que ampliaron considerablemente sus jurisdicciones territoriales con la incorporación de un buen número de aldeas pertenecientes a esos nobles, contribuyendo, entre otros factores, a la famosa Voluntaria Entrega de la Cofradía de Arriaga al rey Alfonso XI en 1332.
Por último, Arceniega es un ejemplo claro de la necesidad de establecer jalones en la nueva ruta comercial Sur-Norte; así, fue emplazada en el camino que comunicaba Vitoria, a través del paso montañoso de Altube, con los puertos de embarque de Laredo y Castro Urdiales.
Algunas de las villas que fueron fundadas en 1256 por el monarca Alfonso X el Sabio han organizado para este año un calendario repleto de actuaciones conmemorativas del 750 aniversario. Es el caso de Salvatierra, que para los días 28, 29 y 30 de marzo plantea la celebración de un magno congreso, con la participación de más de una veintena de especialistas de reconocido prestigio, entre ponentes y comunicantes, pertenecientes a las universidades del País Vasco, La Rioja, la Real Academia de la Historia y Euskaltzaindia. Se trata de una acto abierto a toda la ciudadanía, que podrá conocer de primera mano los factores que incidieron en la concesión de un fuero a la villa de Hagurahin, sus semejanzas y diferencias con otras villas fundadas por el monarca Alfonso X el Sabio, y los últimos resultados de las investigaciones científicas en el campo de las Ciencias Humanas (Historia, Arte, Lengua y Literatura) sobre Salvatierra y la Llanada alavesa oriental.
El patrimonio histórico y cultural de un pueblo hay que conocerlo para poder amarlo y respetarlo, y las efemérides, como ésta que se conmemora, ofrecen una buena oportunidad para poner en contacto a investigadores y ciudadanía, a la que transmitir los conocimientos alcanzados sobre un determinado tema gracias a la investigación que se financia, en buena medida, con fondos públicos.