Tregua, sí. Tregua lingüística. Uno solicitaría humildemente y agradecería sinceramente una tregua a todos los partidos, a todos los políticos, a todos los medios de comunicación, a todos los analistas, a todos los pacifistas Una tregua en la cual dejen de repetir, por favor, por piedad, por sus hijos, por Dios, por humanidad pura y simple, ese largo repertorio de expresiones manidas, manoseadas, sobadas y sobeteadas; de frases hechas, estereotipadas, revenidas y recocidas; de topicones hilarantes, asqueantes y estomacantes con los que durante años se nos ha estado torturando de modo inclemente a los seres que tenemos algo de sentido común, de sentido del ridículo, de sentido del humor, de sentido a secas Expresiones desalentadoras como aquella de 'algo se mueve en HB', que nos remite a una época desdichadamente quieta y que tiene igual ya veinte años o esa otra nauseabunda hasta un grado no ya mental sino físico de 'ahora la pelota está en el tejado del Gobierno' o 'ahora toca al Gobierno recoger la pelota' o 'toca al Gobierno mover ficha' (que pretenden convertir en un deporte una cuestión grave) o 'hay que darle una oportunidad a la paz' o 'diálogo sin límites' o 'diálogo sin exclusiones' o 'dialogar hasta el amanecer' o 'aunque tengamos que dejarnos algunos pelos en la gatera', que nos reduce de manera directa a la categoría zoológica. Mal empieza un asunto que nos exige un comportamiento propio de los gatos y además de los gatos en el trance más humillante, el de atravesar un paso bajo y estrecho donde se les enreda el bigote.
A veces uno tiene la sensación de que ciertas ideologías y actitudes políticas, una vez derrotados sus valores y agotado su discurso, sólo pudieran justificarse con la coartada de cuatro sofismas mal urdidos y sostenerse sobre cuatro palabras, cuatro lemas publicitarios, cuatro eslóganes comerciales cogidos con alfileres y repetidos hasta la saciedad. Y a uno le choca que ideas que aspiran a revolucionarias se sostengan sobre burdas y machaconas estrategias de marketing empresarial norteamericano, sobre las técnicas capitalistas que se utilizan para la venta de unos calzoncillos o un automóvil de moda. Quizá por eso mismo, porque algunos nunca hemos hecho caso a la publicidad, porque siempre hemos sabido apagar la tele en el momento preciso y hemos conseguido sustraernos a las modas y a las marcas, nos haga menos mella la publicidad aplicada a la política y a la ideología. Quizá por eso, porque de un modo natural y espontáneo siempre nos hemos logrado dar una tregua ante la propaganda sin tregua del mercado, cuando oímos lo de la pelota y el tejado sonreímos como cuando oímos que tal coche es para 'los hombres duros'.