Vivimos días extraños. Tras el paro nacional de todas las programaciones por la 'tregua permanente' de ETA, están siendo más las aflicciones que las enhorabuenas. Los informativos y los debates se convierten en la voz del pueblo. La emoción ha durado poco. Ya el viernes, para no caer en el olvido, los presentadores de los noticieros, con fondo País Vasco, contaban que la gente no está 'especialmente' contenta; que se oye más el frotamiento de manos de los hosteleros y empresarios vascos que los aplausos del ciudadano de a pie. Para los que vivimos en el País Vasco, dichos comentarios son incongruentes. Para el resto de provincias, es la única realidad. En el avance de noticias emitido el 24 de marzo al mediodía, en el programa líder de audiencia de una televisión privada, decía la presentadora mientras devolvía la conexión: «Estas son las noticias que componen la realidad, y no sólo la de la tregua de ETA». ¿Qué estupenda apreciación! Pues recordemos que muchos medios de comunicación han vivido largo tiempo del eco de los atentados. Y que programas y parrillas han estado a merced de las acciones terroristas de la banda. Luego dicen que la sociedad está acostumbrada a la violencia. ¿Cómo no!, si cuando llega la paz algunos se atreven a quitarle importancia. He aquí el opio del pueblo: la manipulación mediática.