El primero de la tarde salió doliéndose de la divisa y descoordinado. Parecía condenado de antemano. Los banderilleros de Jesulín hicieron gestos de que el toro no veía, o no veía todo lo que debía; un picador provocó una especie de caída de película sin llegar a caerse; el toro escarbó, se puso gruñón, se iba suelto. Una bronca y al corral. El sobrero, de Jandilla también, salió bueno de verdad. Con él y entonces empezó otra corrida. De más de dos horas y media y con final feliz. Todos a hombros.
De los seis de Jandilla que se jugaron enteros, los del lote de Jesulín se dejaron dulcemente. No sólo por nobles. Es que Jesulín, además, los toreó por abajo a los dos. Al uno le corrigió un ligero gazapeo y le armó faena casi completa en un mínimo terreno. El pecado fue enganchar por fuera más de la cuenta. Las virtudes, la ligazón, la largura, la limpieza. Al otro, con el que abrió en el estribo y luego de rodillas con muletazos escalofriantes, se lo sacó a los medios y lo llevó, trajo y puso con las mismas armas de antes: limpieza, ligazón en el sitio y, aunque enganchados por el pico de la muleta, pases sacados por abajo y hasta el final. Las dos estocadas del torero de Ubrique fueron muy notables.
El Juli, que firmó las dos faenas mayores de la corrida, mató a los dos suyos de sendas estocadas cobradas al salto y ligeramente traseras. Hubo de descabellar las dos veces. A la segunda acertó en un caso; a la primera en otro. El primero de lote entró en el cupo de toros buenos. Aunque escarbara, a pesar de tener un punto de brusquedad porque El Juli optó por dejárselo casi crudo. El quinto, capacho y acarnerado, basto, enmorrillado y sin cuello, fue hondote pero tuvo traza más de búfalo o buey que de toro de lidia.
Fue la prenda dura de la tarde y se sintió desde el principio que El Juli se acabaría merendando a la fiera, pero hubo que verlo para creerlo. Dentro del alto nivel de la faena, que fue descarado desafío en los medios, lo más redondo fueron los de pecho obligados. Y, claro, la raza de El Juli que brotaba a chorro libre.
El primer toro de El Fandi, jabonero de buenas hechuras, tuvo pies y gasolina, gran velocidad, pero se vino debajo de golpe después de banderillas. El sexto de corrida, más brutote, resistió de sobra, pero gruñó en cada embestida. El Fandi conquistó a la inmensa mayoría con las banderillas. Tres pares al tercero; cuatro al sexto. Bien recompensadas. Una oreja de mínima petición en el primer turno; dos por reclamación en el segundo. La faena del jabonero no fue apenas nada. La del sexto, destemplada y al aire del toro, en la media altura, fue mero rebote.