El Correo Digital
Lunes, 27 de marzo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CULTURA
CULTURA
Familiares, amigos y celebridades despiden con respeto a Rocío Dúrcal
La artista será incinerada hoy en un tanatorio de Tres Cantos, en Madrid El féretro fue velado por Junior y los tres hijos del matrimonio
Familiares, amigos y celebridades despiden con respeto a Rocío Dúrcal
ROSTROS DE DOLOR. Concha Velasco acude con su hijo al tanatorio de Tres Cantos. / EFE
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Un ambiente de serenidad y respeto se percibía a lo largo de la mañana de ayer en el tanatorio del cementerio de La Paz, en la madrileña localidad de Tres Cantos, donde la noche anterior se instaló la capilla ardiente de Rocío Dúrcal. Familia, amigos, fans y una larga sucesión de famosos despidieron a la cantante y actriz, que no superó el cáncer contra el que luchaba desde hace cinco años. A las 11.00 horas de hoy se oficiará un responso en el mismo establecimiento, donde será incinerada la artista.

María de los Ángeles de las Heras Ortiz (Madrid, 1944), Rocío Dúrcal de nombre artístico y Marieta para los amigos, murió en la tarde el sábado en su domicilio de la localidad madrileña de Torrelodones, rodeada de su marido, Antonio Morales 'Junior', y de sus tres hijos, Carmen, Antonio y Sheila.

Se fue como ella había dispuesto, en casa, con los suyos, lejos de la agonía hospitalaria. Atrás quedaron cinco años de lucha contra un cáncer de matriz que posteriormente se extendió a los pulmones, un pulso que la artista llevó con discreción, la misma con la que vivieron ella y su familia.

Al tanatorio se desplazaron ayer Paloma San Basilio, Carmen Sevilla, Concha Velasco, María Teresa Campos, Elsa Baeza, Maruja Díaz, María José Cantudo, Pilar Bardem, Amparo Baró, Natalia Figueroa y Raphael. Y no fallaron cantantes de su generación y de la de su marido, ex componente de Los Brincos y de Juan y Junior, quien se retiró de la canción y supo mantenerse en un segundo plano para dirigir la carrera de su mujer. Dúrcal, que se hizo famosa como niña prodigio del cine español en la década de los sesenta, vivió una segunda etapa de éxito en la madurez como cantante de rancheras y boleros.

Sin duda, las visitas que más expectación levantaron fueron la del hermano de Rocío Jurado, Amador Mohedano, que acudió al tanatorio en compañía de su mujer, Rosa Benito; y la de la hija de la cantante de Chipiona, Rocío Carrasco, que fue con su pareja, Fidel Albiac. A Rocío Jurado, ingresada esta semana en la clínica Montepríncipe de Madrid, no le han comunicado la muerte de Dúrcal, según declaró el hermano de la artista, para que su ánimo no decaiga. Pero, en su nombre, la familia de la Jurado quiso rendir homenaje «a la que fue una muy buena compañera, una gran artista para España y una gran persona», señaló Amador Mohedano.

Los seguidores de Rocío Dúrcal, artista que se mantuvo durante casi cuatro décadas en el oficio, guardaban silenciosamente cola en la sala 17 del tanatorio de la Paz para despedirse de la actriz y cantante. Sus hijos dieron muestra de entereza, «aunque nunca termina de asumirse esto», decía la más pequeña, Sheila, que acaba de iniciar una carrera como cantante.

Sudario blanco

Los hijos trataban de consolar a un destrozado padre, que veló a su mujer hasta las 4.30 horas de la madrugada de ayer y regresó a la capilla ardiente pasadas las 13 horas, después de tratar de descansar. Formaron un matrimonio bien avenido, estable, y supieron mantener su relación en la intimidad, sin concesiones.

En la capilla ardiente, un sudario blanco vistió a la artista, con rostro plácido, que descansaba en el féretro con las manos entrelazadas y rodeadas por un rosario. El relajado ambiente sólo se rompió con la abrupta irrupción de una cámara que fotografió al cadáver sin permiso de la familia. Los más íntimos comentan que en su último día de vida se mantuvo tranquila, que ya no podía hablar, pero la familia está satisfecha de haber podido cumplir lo que ella marcó en vida: morir junto a los que más quería, por los que siempre luchó.



Vocento