Mandos de la Policía Judicial gala, encargados de la lucha contra ETA en Francia, dan un voto de confianza condicionado a la sinceridad del 'alto el fuego permanente' en vigor desde las 0.00 horas del viernes. La necesidad de tiempo para evaluar las intenciones de la organización clandestina y la conveniencia de contar con gestos de buena voluntad son las reflexiones dominantes en las opiniones recabadas en la cúpula policial francesa, tanto en París como en el suroeste del país.
«Hay que esperar». La primera reacción es un acto reflejo de prudencia profesional. «El anuncio es demasiado reciente como para saber qué va a pasar», comenta un comisario situado en el núcleo duro de los servicios antiterroristas franceses. «Acojo la declaración con agrado pero con circunspección», señala un colega del sur de Francia. «No dudo de su autenticidad pero pido ver su realidad con el paso del tiempo. Dentro de un tiempo se podrá saber si es algo serio, quizá mediante acciones que demuestren la voluntad definitiva de ETA de dejar las armas», plantea.
La actividad logística
En París, donde están centralizadas todas las investigaciones en la materia, se coincide en que «habrá que observar si disminuyen los hechos constatados en Francia, si la logística continúa recuperando material como lo ha hecho en los últimos tiempos». «Porque, visiblemente, la gente de la logística está muy activa desde hace unos meses ya sea con robos de polvo de aluminio, de placas de matrícula...», recuerda este alto responsable. «Habrá que ver si la organización sigue haciendo operaciones de extorsión, ya sea en España o en Francia», añade.
El entusiasmo ante la nueva etapa de distensión es mayor más cerca de la frontera española. «Me encanta oir a una organización terrorista decir que va a proceder a un alto el fuego», reconoce este otro comisario desde su despacho sureño. «La paz de los bravos llegará forzosamente un día u otro y estaré encantado de conocerla. Esta rebelión ya ha durado bastante y no hay salida en el conflicto», expone. «Mi nivel de confianza espontánea es del cien por cien porque me gustaría mucho que fuese verdad», confiesa.
Simultáneamente, el índice de credulidad baja a cero «mientras no se concrete con hechos objetivos». «No sirve únicamente un cese de las hostilidades porque ya hemos conocido en el pasado treguas temporales y la actividad se ha reanudado. No basta con parar las acciones terroristas para que se diga que hay voluntad clara de cambiar de política», constata. «Hace falta que eso sea caracterizado por elementos materiales que establezcan la voluntad deliberada de ETA de abandonar la lucha armada», zanja.
Este mando de la Policía Judicial sugiere, a título de ejemplo elocuente, la devolución de material robado a mano armada últimamente en atracos a empresas francesas. «Si en los próximos días pudiéramos descubrir, porque ha sido dado por la organización, un cierto número de objetos robados, en ese momento estaría más seguro de la intención definitiva de ETA de volver a una acción política tradicional», explica.
Desde su punto de vista, un gesto de ese tipo -«fuerte y visible»- «marcaría de manera evidente la voluntad de una organización terrorista de cambiar definitivamente de rumbo». «Para las autoridades policiales y judiciales sería un elemento evidente a tomar en consideración», sugiere.
En Francia, el precedente más cercano lleva la firma del Ejército Revolucionario de Bretaña (ARB), que el 24 de noviembre de 2000 hizo llegar a la Policía 98,2 kilos de dinamita y 440 detonadores en su poder. El material entregado, a modo de rúbrica de su autodisolución, había sido el pago a la complicidad bretona en el robo por ETA de 8,7 toneladas de dinamita en Plévin en las postrerías de la anterior tregua, rota luego con ese explosivo.
«Sin salir del bosque»
La percepción de la cuestión cobra un matiz de desconfianza en París. «Porque hayan anunciado el alto el fuego no van a poder salir del bosque inmediatamente en Francia», apunta el mando antiterrorista antes citado. «El problema es que la gente que está instalada en Francia tiene que seguir viviendo: conseguir dinero, seguir alquilando apartamentos con falsa identidad...», enuncia.
A su juicio, «no se puede descartar» la hipótesis de un riesgo de escisión. «Por regla general en los movimientos terroristas, cuando algunos inician procesos de negociación política, hay franjas extremistas que no aceptan esa vía», describe. En el caso de ETA, «es muy posible que haya pequeños grupos que quieran continuar la lucha armada. ¿Va a ocurrir? El futuro nos lo dirá».
De todas formas, su apuesta personal es que «la tregua va a durar un cierto número de meses». «Me parece que va a perdurar porque en el nivel político el próximo año hay elecciones locales en España y en función de los resultados podría ser revisada», vaticina.