¿Qué pensarán los seres sin techo, ahora que se nos dice que la pelota está en el tejado de todos y todas? Quizá que la pelota en realidad está más en el de quienes utilizan el poder de la violencia y en el de quienes utilizan, además, la violencia del poder. ¿O tal vez hay muchas pelotas pero muy pocos tejados? A lo mejor piensan que está bien que nos hagamos ilusiones, pero que será mejor que no seamos ilusos por olvidar en casa de quién estamos. En casa con las letras pagadas para la españolidad, en casa hipotecada para muchos vascos y vascas.
Si algo tienen seguro los sin techo es que, a diferencia de su situación, al pueblo vasco no le van a dejar en la calle, y que a lo sumo, le cambian de habitación. ¿Será porque la vivienda anda por las nubes? Pero igual no nos entienden, porque visto el lenguaje que empleamos, cualquiera diría que pertenecemos a terrenos diferentes. Y es que mientras los propietarios y propietarias hablan de acabar con el 'último' grupo terrorista de Europa, quien está hospedado de mala gana lo hace, además, de acabar con el 'último' conflicto político de Europa. En tanto los anfitriones y las anfitrionas dicen querer fumar la pipa de la paz, quienes son invitados a la fuerza quieren, además, estar colocados de otro modo. Menudo festejo se han montado. Esperemos que no aparezcan aguafiestas y podamos, ahora que no hay cohetes, echar las campanas al vuelo. Aunque, ¿quién va a pagar la ronda? ¿Corre a cuenta de la casa? Porque hay quien quiere beber sin pagar y quien va a pagar sin haber bebido.