Un humorista filosófico que escribió grandes obras de ciencia-ficción. Así se podría caracterizar al escritor polaco Stanislaw Lem, autor de 'Solaris', que murió ayer en la ciudad polaca de Cracovia a la edad de 84 años, según informó su asistente personal, Wojciech Zemek.
Hijo de un médico judío, nació en Lwów (antes Polonia, actual Lviv, Ucrania) en 1921, y se salvó del Holocausto por pura suerte, pero la mayoría de sus amigos terminaron en los hornos de gas de Belzec. Después de los nazis, llegó la dictadura comunista y Lem -médico, psicólogo y profesor de Literatura- se dedicó a escribir libros de fantasía. Al principio le salían unas narraciones «espantosas, terribles y virulentas», según sus propias palabras, y para rebajar esos excesos utilizó el humor.
Las obras de Lem se han traducido a 40 idiomas y se han vendido 27 millones de ejemplares con su firma. Con 'Diarios de las estrellas' (1957) comienza su carrera de escritor satírico. En esta novela presenta al personaje de Ijon Tichy, un astronauta que protagoniza una serie de absurdas aventuras por el espacio, y que aparecerá en varias de sus obras.
Personajes esperpénticos
Cuatro años después publicará 'Solaris', considerada su obra maestra. El libro se inicia con la llegada a Solaris, un planeta con un extraño océano, del psicólogo Kris Kelvin, que ha viajado para resolver los problemas de personalidad de los empleados en la única estación de observación solariana. La adaptación cinematográfica de Andréi Tarkovsky, ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 1972, dio una gran proyección a esta obra de Lem. Recientemente, el norteamericano Steven Soderbergh también ha llevado la novela a la pantalla. Ninguna de los dos películas gustaron a Lem.
La novelística del autor polaco continuó con 'Ciberiada' (1965), un volumen de cuentos protagonizado por los personajes más esperpénticos de su trayectoria, los constructores Trurl y Clapaucio. En 'La voz de su amo' (1968), un grupo de científicos trata de descifrar un mensaje extraterrestre, y sirve para realizar una aguda parodia del mundo de la ciencia.
Lem escribió una serie de críticas y prólogos a libros imaginarios, inexistentes, en 'Un vacío perfecto' y cerró su carrera literaria en 1986 con 'Fiasco'. Desde entonces no escribe ciencia-ficción porque, según ha comentado, la realidad actual le parece tan interesante, compleja y convulsa que no le merece la pena pasear por las galaxias. Además, el escritor no estaba muy a gusto en el mundo de la ciencia-ficción, ya que consideraba a sus escritores carentes de talento y sólo interesados en el argumento, nunca en la forma. La realidad literaria también dejó de interesarle. A su juicio, el mundo de los grandes autores, como Thomas Pynchon y Saul Bellow, acude a su crepúsculo.