Ahora que está de moda Shakespeare, como referencia continua en el cine, no deja de sorprender que las miradas a nuestra rica y variada literatura teatral clásica se puedan contar con los dedos de la mano. Y no cabe escudarse en que el verso resulta denso y de difícil asimilación por el público, pues, cuando las cosas se hacen bien, surge 'El perro del hortelano' (1996), de Pilar Miró, y otras adaptaciones extranjeras de notable aceptación. Por ello hay que agradecer a Manuel Iborra su decisión y entusiasmo, aunque el resultado sea manifiestamente mejorable.
En 'La dama boba', Lope de Vega usó la simplicidad para explorar el amor en varios niveles, simplificando los personajes y mostrando diversas fases y apariencias del amor en los cambios de pareja que se van formando según las conveniencias. Se trata de un juego de seducciones, engaños y enredos tocados por un fino humor intermitente que pone de manifiesto cierta necedad en los hombres y determinación y lucidez en las mujeres, con su habitual riqueza de diálogos y calificaciones.
Sólo parte de este rico contenido consigue la película de Iborra, cargada de buenas intenciones pero lastrada por la cuestionable idoneidad del reparto, con excepción de Silvia Abascal, y la más cuestionable aún concepción de la declamación del verso. Ello lleva a una falta de credibilidad que no se suple con maquillaje. No hay poder de seducción en Coronado. Tampoco funciona la parte de capa y espada, muy distante del nivel actual en la adaptación del teatro clásico a la gran pantalla.