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Martes, 28 de marzo de 2006
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En la dramaturgia intensa de Lola Herrera hay mucho más que ese formidable soliloquio de 'Cinco horas con Mario', donde el reflejo de una conservadora mujer de clase media se lograba con una notable calidad dramática e interpretativa. De hecho, por mucho que el papel de la obra de Delibes haya marcado a una actriz con una extraordinaria condición para la interpretación de los sentimientos y las percepciones, en Lola Herrera hay también un amplísimo código de registros y hasta una fina y elegante ironía que le permite la asunción de cualquier papel con un simple gesto, con una sola mirada y sin necesidad de pronunciar una palabra.

Algo ciertamente notable, sobre todo cuando los registros y las interpretaciones se han ido sucediendo a lo largo de más de cuatro décadas, incorporando su arte dramático a la sociología literaria y teatral de cualquier segmento de edad, de cualquier género y de cualquier autor. Por ejemplo, lo mismo ha hecho la comedia sofistica a la española de Alfonso Paso o una serie televisiva de humor con Arturo Fernández, que una genial interpretación de Petra von Kant en la difícil obra de Fassbinder, donde pocas actrices han logrado tanta intensidad a la hora de reflexionar sobre la crueldad del amor. Una gran actriz y una gran carrera, en fin, por mucho que el cine no haya sabido todavía exprimir el enorme talento de una de las grandes damas de la escena española.



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