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Martes, 28 de marzo de 2006
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DEPORTES
ANÁLISIS
Viven (gracias a vosotros)
Viven (gracias  a vosotros)
DETERMINANTE. Yeste celebra el triunfo con Orbaiz. / EL CORREO
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Están vivos. Y tienen ganas de celebrarlo. Como los supervivientes de un siniestro total, los jugadores del Athletic surgen de las llamas palpándose la ropa. Incrédulos. Eufóricos. Unidos por una experiencia religiosa. Se sienten fuertes de nuevo. Inmunes a cualquier peligro. Brothers in arms. John Milton afirmaba que cuando empezamos a perder la esperanza con ella viajan también nuestros miedos. Este equipo lleva demasiado tiempo caminando, como Lou Reed, por el lado salvaje. Se ha acostumbrado a los triples saltos mortales sin red. Entregado durante meses al peligroso pasatiempo de la ruleta rusa, y tras comprobar que la bala sigue milagrosamente instalada en la recámara, por fin se ha lanzado a la fuga. Sin mirar atrás. Como aquellos soldados aliados comandados por un incorregible y genial Steve McQueen. Es posible que el valor sea, como dice el abate Galiano, el resultado de un grandísimo miedo. La angustia existencial que asfixiaba al grupo se tornó luz celestial en el famoso minuto final del agónico partido ante el Cádiz. El Athletic se rebeló ese día contra un destino fatal y su ejercicio de escapismo (diez puntos de doce) es digno del gran maestro Houdini.

Los jugadores han recuperado la sonrisa. Y Bilbao, y Bizkaia entera, con ellos. La necesidad de devolverle a su gente su inquebrantable aliento se ha convertido en un carburante excepcional para alimentar el motor de los rojiblancos. La clasificación y la camiseta empiezan a pesar menos. George Bernard Shaw afirmaba que «si los ingleses pueden sobrevivir a su comida, pueden sobrevivir a cualquier cosa». Algo de eso está pasando en nuestro Athletic. La esperanza de que esta nefasta temporada llegue a su fin sin sobresaltos clasificatorios se confirma. Una campaña que pasará a la historia, sí, pero sólo gracias a la espectacular exhibición de fidelidad y civismo de la afición de San Mamés. Sabina debía estar pensando en otro Atleti cuando le puso letra y verso a un sentimiento en rojo y blanco: «¿qué manera de aguantar, qué manera de sufrir, qué manera de vivir!».

La forma en la que llegó el triunfo ante Osasuna fue, lo confieso, especialmente gratificante. Fran Yeste aportó un toque de clase con el corazón. Luis Prieto puso el corazón con la cabeza. Sonríe Luis, te lo has ganado. Nadie tan noble y tan comprometido por la causa. Lejos quedan las lágrimas de Sevilla. Lo de Yeste es capítulo aparte. Negarle el pan y la sal es escupir contra el viento. Suyo fue el milagroso gol ante el Espanyol. De sus botas nació el de la victoria del sábado. Y, por encima de dos acciones puntuales, su fútbol ilumina a un equipo necesitado del 10 para reactivar las conexiones (Iraola, Orbaiz, Joseba) de su control de mandos. Pelotazos no, gracias. Se trata de correr sabiendo hacia dónde. En eso estamos. Destino: esperanza. Y el domingo, sin tiempo para celebraciones, estamos invitados al show de Piterman. Así, sin anestesia. Paciencia. Ya falta menos. Y es que hay años en los que no está uno para nada. Salvo para que se acaben. Y para que no se repitan. Que esa es otra.



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