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Martes, 28 de marzo de 2006
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La 'princesa de Dnipropetrovsk' reclama la jefatura del Gobierno
La líder de la revolución de las calles vaticinó que tendrían que volver a contar con ella
La 'princesa de Dnipropetrovsk' reclama la jefatura del Gobierno
Julia Timoshenko.
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Sus partidarios sabían que su salida del Gobierno iba a ser un breve paréntesis antes de recuperar otra vez las riendas. La propia Julia Timoshenko, la auténtica protagonista de la 'revolución naranja', vaticinó el año pasado que el presidente Víctor Yúshenko tendría que volver a contar con ella tras las elecciones legislativas del domingo. Ayer, en rueda de prensa, la seductora 'princesa de Dnipropetrovsk' metía prisa al presidente para iniciar unas negociaciones que desemboquen cuanto antes en su nombramiento como primera ministra.

Nacida en la ciudad ucraniana de Dnipropetrovsk hace 45 años, Timoshenko se licenció en economía. Al amparo de las cooperativas lanzadas en la URSS durante la época de Mijaíl Gorbachov, la joven se introdujo en el mundo empresarial. Saltó rápidamente al negocio de lo hidrocarburos llegando a dirigir el consorcio Sistemas Energéticos Unificados. Por el supuesto soborno de varios generales rusos, en 1996, fue puesta en el punto de mira de la Justicia del gran país vecino.

Persecución

En 1997, logró resolver el problema de la enorme deuda que Ucrania tenía con Moscú por los suministros de gas. Aún así, las autoridades ucranianas terminaron arruinando su negocio. Llegó a ser viceprimer ministra encargada de Energía entre 1999 y 2000 con una intachable reputación. Líder ya de la oposición democrática, a comienzos de 2001, exigió la dimisión del presidente Leonid Kuchma, contra quien lanzó una campaña de movilizaciones por el asesinato del periodista Gueorgui Gongadze.

Fue entonces cuando cosechó la fama que tiene de política radical. El vaquero formaba parte de su indumentaria en aquellos años. Llevaba además la melena suelta y teñida de color moreno, no con la trenza rubia que luce ahora.

Kuchma la metió en la cárcel durante dos meses en febrero de 2001, acusada de delitos que nunca se pudieron probar. Ni siquiera se llegó a celebrar un juicio. La 'revolución naranja' la encumbró definitivamente al Olimpo político ucraniano. Ayer admitió que su error fue aceptar, el año pasado, dirigir un Gobierno a cuyos miembros no designó y en el que había «corruptos» dispuestos a hacer 'labor de zapa'.

Timoshenko no cree que Yúshenko se atreva a disolver el Parlamento y está convencida de que, si se la vuelve a confiar el Ejecutivo, logrará mejorar el nivel de vida de los ucranianos y ponerse de acuerdo con el presidente Vladímir Putin sobre un nuevo acuerdo para los precios del gas sin los extraños recovecos del firmado el pasado enero.



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