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Martes, 28 de marzo de 2006
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POLÍTICA
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OPINION/Palabras más precisas
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Sean mis primeras palabras, admirado presidente, para felicitarle por el alto el fuego de ETA. A falta del pan de la paz, buenas son treguas. He observado, sin embargo, que usted se apresta a entrar en el tema con un lenguaje impreciso, llamando a las cosas por los nombres que no son.

Este domingo eran entrevistados, usted en 'El País', y el artífice de la operación, Jesús Eguiguren, en EL CORREO. Ambos consideran que el lenguaje del último comunicado es distinto. Dice usted que es la primera vez que ETA hace un alto el fuego permanente. El muñidor abunda que «es un alto el fuego, no una tregua; es permanente, no temporal o indefinido, como fue en 1998».

Conviene ir a las fuentes para evitar estos errores. El comunicado de aquella tregua decía en su punto 7º: « Euskadi Ta Askatasuna manifiesta su intención de una suspensión ilimitada de sus acciones armadas, limitándose únicamente sus funciones a las tareas habituales de suministro, mantenimiento de las estructuras y a su derecho de defensa en hipotéticos enfrentamientos. Este alto el fuego general comenzará el 18 de septiembre de 1998». (Informe sobre violencia y política en la C.A.V. y Navarra. UPV, 1999, pág. 86). Como verá, a estos tipos va a resultar muy difícil ganarles en relativismo, aunque apunten ustedes muy buenas maneras. Fíjese que emparedaban las limitaciones y las particularidades de la tregua entre los calificativos «ilimitada» y «general». Y ya entonces le llamaban «alto el fuego».

No debe usted aceptar el empleo del término accidente para un atentado terrorista. Es una de esas perversas metáforas que siempre han distinguido el lenguaje nacionalista. El 10 de diciembre de 1995, un etarra llamado Mikel Otegi asesinó a tiros en Itsasondo a dos agentes de la Ertzaintza: Iñaki Mendiluze y José Luis González. Un mes más tarde, el secretario general de ELA comentaba las dificultades por las que atravesaba su pacto con LAB, «sobre todo tras el accidente, o como se le quiera llamar, de Itsasondo». «Atentado terrorista» y «accidente» son términos incompatibles, presidente.

Explica usted luego lo que «sintió personalmente» el día que leyó la famosa carta de ETA: «tuve un 50% de escepticismo y un 50% de análisis serio de lo que podía representar». Me va a permitir una corrección epistemológica: el escepticismo es una actitud científica, la posición necesaria para un análisis serio. Lo propio del intelectual o del investigador es el descreimiento, no la fe, la fe la fe.

Sólo he podido deconstruir la cuarta parte de la entrevista, pero el espacio es una restricción inelástica y se acaba. Pacte usted con Rajoy, más vale tarde, y esfuércese en contener sus deslices hacia el relativismo léxico. Y tenga mucha suerte, presidente, lo necesitamos todos. Mientras, aprenda y repita el siguiente trabalenguas: Los tigres se entregan por troikas en un tris y triscan trigo tras la tregua.

s.gonzalez@diario-elcorreo.com



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