El Correo Digital
Martes, 28 de marzo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
SOCIEDAD
SOCIEDAD
¿Por qué no rindo estos días?
La astenia primaveral es un cuadro de fatiga psicológica que muchas personas sufren con la llegada de la primavera y los cambios de temperatura, luz y presión atmosférica que ello conlleva
La sensación de cansancio funcional o psicológico que se suele dar en esta época, y que a veces tiene una repercusión importante a nivel orgánico por los síntomas que lleva asociados, se denomina astenia primaveral. Éste es un problema detectado con más frecuencia en las mujeres, especialmente entre las jóvenes y las de mediana edad. El trastorno, que viene siendo analizado en los últimos años, era prácticamente desconocido hace algunas décadas. Por eso, algunos lo relacionan con el estilo de vida moderno.

Este cansancio se identifica como una molestia muy interna, es decir, como un agotamiento o una falta de tono vital. No tiene mucho que ver con la fatiga, que suele tener características más orgánicas. De hecho, el cansancio que suele describirse en la astenia primaveral es un problema que aparece de forma progresiva. Sólo a veces alcanza una intensidad importante y llega a producir una gran limitación para el desarrollo de los quehaceres habituales. Además, la fatiga se manifiesta desde primera hora y se mantiene durante todo el día, aunque mejora relativamente con la realización de actividades. Al margen de ese síntoma, es habitual que surjan otras molestias más o menos somáticas. Muchas son difíciles de concretar, ya que pertenecen al terreno de lo funcional, como cambios en el estado de ánimo, labilidad emocional, irritabilidad y problemas de sueño.

Sin embargo, la astenia primaveral se manifiesta sobre todo como un síntoma funcional, que poco tiene que ver con la presencia de fatiga o un cuadro de agotamiento propiamente físico. El cansancio funcional aparece desde el principio del día, mientras que el agotamiento físico se va acumulando a medida que avanza la jornada o se realizan actividades. Por otro lado, el agotamiento físico se identifica muchas veces con la aparición de una fatiga intensa, con sensación de dificultad para respirar e incapacidad para hacer un esfuerzo.

Varias causas

En general este tipo de trastornos no suele tener mayor importancia. Son anomalías transitorias, y habitualmente leves, que sólo en determinados casos ocasionan un problema claramente patológico. Estos pacientes presentan algún tipo de problema psicológico que les predispone a manifestar de una forma más intensa esos síntomas, o bien vienen padeciendo un estado progresivo de agotamiento que se deja sentir con más intensidad en esta época.

Es difícil determinar una sola causa. Posiblemente incidan diversos factores, algunos propios de la persona y otros externos. La personalidad influye bastante, de hecho, se sabe que muchas personas tienen un tono vital ciclotímico, es decir que sufre oscilaciones estacionales.

En algunos casos estos cambios aparecen con una mayor intensidad y tienden a producir alteraciones evidentes en las estaciones de tránsito, como la primavera y el otoño, especialmente en la primera.

Las condiciones ambientales, como la temperatura, la presión atmosférica y la intensidad de la exposición lumínica, pueden influir en el tono vital. Ello podría deberse a la mayor o menor producción de sustancias neurohormonales que determinan el tono vital, grado de alerta e intensidad de la actividad desarrollada. Entre esas sustancias destaca la melatonina, segregada en la glándula pineal, que es responsable en gran parte del control sobre el reloj interno. También resultan implicadas otras sustancias o transmisores, algunos de ellos relacionados con la presencia o desarrollo de cuadros depresivos. Por ejemplo con la sensación de bienestar, como sucede con las endorfinas o la serotonina.

Análisis de la jornada

En la astenia primaveral también influyen otros factores más relacionados con el estilo de vida de la persona, como un ritmo de vida exigente o muy agresivo, una inestabilidad emocional o personal y la presencia de problemas en el ambiente laboral o familiar. La existencia de conflictos en esos aspectos pueden mermar la capacidad de resistencia frente a estos cambios, y notarse de forma más intensa el descenso del tono vital.

Este tipo de trastornos entran dentro de la esfera psíquica. Habitualmente, desde el punto de vista psicológico, la persona afectada suele mantener un estado de equilibrio bastante aceptable, si bien la existencia de problemas a ese nivel favorece que se dé este proceso. Una vez comprobado el correcto funcionamiento de los sistemas orgánicos y psíquicos, conviene realizar un estudio detallado del estilo de vida. Se analizan, mediante un cronograma, los quehaceres habituales que desarrolla la persona afectada. Con ese informe se comprueba en qué medida puede existir un desorden o falta de armonía entre el esfuerzo que se exige al organismo y las posibilidades de recuperación o de hacer frente a las necesidades.

Se trata de un croquis de la jornada, que incluye todas sus actividades rutinarias desde la mañana hasta la noche. Se apuntan los momentos de actividad física y psíquica, así como los de relajación y descanso, para buscar en qué medida se advierte la capacidad para desplegar esa actividad necesaria a lo largo del día. Así, se puede advertir si hay una descompensación entre el esfuerzo exigido y las posibilidades de recuperación.



Vocento