La publicación de 'Una breve historia de la misoginia', de Anna Caballé, que reúne docenas de textos despectivos contra la mujer extraídos de los clásicos de nuestra literatura, me ha traído a la memoria la reciente campaña 'El amor no duele', organizada por la Comisión para la Investigación de los Malos Tratos a Mujeres. Esta ONG hizo una encuesta en Madrid entre 2.600 jóvenes de 12 a 18 años. El 80% de las chicas cree que las quieren aunque las maltraten. A la pregunta, '¿puede existir el amor si hay maltrato?' o '¿si te pegan te quieren?', las chicas responden que sí en una abrumadora mayoría. Por tanto, las mujeres más jóvenes continúan con los aberrantes modelos de relación de las generaciones anteriores. También los chicos, que no dejan de ser nietos de Petrarca, el santo padre de tantos delirios amorosos de la poesía occidental de los últimos siete siglos, en un derroche de iluminación, consideran que, si no hay celos en la pareja, es porque no hay amor. El título de la campaña, 'El amor no duele', lanzada con vistas a prevenir la violencia en las relaciones entre los jóvenes, es afortunado.
Y ¿qué es el amor? No cometeré el error de intentar definirlo porque acabo de leer la definición que da el Diccionario de la Real Academia Española y he necesitado veinte minutos para leer, varias veces, las cinco líneas de la primera acepción de esta voz. Si docenas de varones y no más, creo, de cuatro o cinco mujeres, después de más de dos siglos de historia de la Academia, han logrado una definición de amor tan dura de leer como refutable es que el concepto es muy complicado. También la Academia cuenta con un grave inconveniente histórico: las infinitas memeces que cientos de poetas -en el sentido amplio del término, versificadores, narradores, dramaturgos, letristas, cineastas y guionistas de series televisivas- de corte romántico han escrito sobre el amor han tenido que obnubilar necesariamente incluso las preclaras mentes de los académicos. Deseo citar esta definición de amor que da el Diccionario, pero, como tendré que poner comillas, me asalta una duda. Como lector de periódicos, en cuanto un articulista cita un texto y pone comillas, con la mayor frecuencia, dejo ya de leer el artículo y paso al artículo siguiente. Esa brusca ruptura del ritmo que imponen las comillas no la llevo bien en la lectura de la prensa -pero sí, por supuesto, en la lectura de libros- porque la abundancia de información obliga a leer rápido. Pero no resisto la tentación de dar esta definición que da el Diccionario para que quede claro lo difícil que es explicar el amor a los jóvenes y al resto de la población. Define el Diccionario el amor en estos pedregosos términos: «Sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido». Apliquemos esta definición a un caso concreto.
El norteamericano Richard Hayes Stone, ateniéndose a esta definición de amor de la Academia, tenía el sentimiento que le movía a desear que una niña amada por él alcanzara lo que él juzgaba su bien -el placer sexual- y procuraba que ese deseo se cumpliera. La violó, la niña se mató de un disparo en la cabeza y dejó una nota: «Preguntad a Richard Hayes Stone». Al tener noticia de esta violación, la actriz Teri Hatcher, la divorciada de la serie televisiva 'Mujeres desesperadas', sobrina del violador, fue a la policía y denunció a su tío, que también la había violado cuando ella tenía cinco años. Tras la denuncia de la sobrina contra su tío, el juez condenó a este delicado amante a 14 años de cárcel. La definición de amor que da el Diccionario de María Moliner le da sopas con ondas del mar Cantábrico a la definición de la Academia. María Moliner, la genial lexicógrafa a quien la Academia no honró con un sillón, definió así el amor: «Sentimiento experimentado por una persona hacia otra, que se manifiesta en desear su compañía, alegrarse con lo que es bueno para ella y sufrir con lo que es malo». El eslogan 'El amor no duele' da en el clavo. Quien te quiere te respeta y pone el mayor empeño en que no sufras y en que seas feliz.