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Miércoles, 29 de marzo de 2006
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CULTURA
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Olatz Candina busca en sus relatos la humanidad de genios como Picasso y Leonardo
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Detrás del genio, la persona. Miguel Ángel se las tuvo que ver con el papa Julio II para pintar la Capilla Sixitina, y del choque entre ambos saltaron chispas, aunque llegaron a entenderse. Leonardo da Vinci ocultó su homosexualidad para no terminar en la hoguera, como lo hicieron tantos de sus amigos, y Picasso se recluía en su estudio no sólo para ver si llegaba la inspiración, sino también para aislarse del lío que tenía montado con sus mujeres, oficiales y extraoficiales.

Éstas son algunas secuencias del libro de relatos que Olatz Candina acaba de publicar con el título de 'Siete retratos y un jardín' (Hiria). La escritora -y también pintora- ha escogido siete artistas y un cuadro de cada uno de ellos para ahondar en su personalidad. «Me han interesado más sus 'defectos' que su talento. Creo que esta perspectiva los convierte en humanos«», resalta la escritora bilbaína.

Miguel Ángel y Leonardo eran homosexuales en una época en la que estaban masacrados por la Inquisición. Picasso no daba abasto con sus problemas familiares, y El Greco se pasó toda la vida en juicios para cobrar sus cuadros. Van Gogh se volvió loco y Monet, el maestro del color impresionista, se quedó ciego, mientras que Goya perdió a la mayoría de sus hijos. En definitiva, sufrieron como cualquier otro.

Temores y pasiones

Olatz Candina cree, sin embargo, que estos pintores han tenido algo que suele faltar en los demás humanos: su voluntad de expresarse, por encima de todo. Mientras que el común de los mortales sucumbe ante la inercia de la vida cotidiana, de los recibos y las hipotecas, ellos tuvieron claro que por encima del arte no había nada, y que esta vocación exigía libertad, sostiene la escritora

«Viendo sus cuadros me he imaginado cómo amaron, cuáles fueron sus temores y pasiones más íntimas, y he intentado acercarme a ellos compartiendo su emociones», explica la autora de En 'Siete retratos y un jardín'.



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