En los años 60, Gonzalo Suárez residía en Barcelona y viajaba con frecuencia a Italia para espiar a los equipos de fútbol que habrían de enfrentarse al Inter de Milán. En aquella época, el entrenador de la escuadra milanesa era Helenio Herrera, a la sazón amante de la madre del cineasta y escritor. Un día, aprovechando su proximidad a Herrera, le empezó a preguntar cosas. «Así me inicié en el periodismo».
Suárez decidió que la entrevista no la podía firmar con su nombre y buscó un seudónimo: Martín Girard. Reportajes, entrevistas, comentarios breves, sucesos y crónicas callejeras forman el grueso de 'La suela de mis zapatos. Pasos y andanzas de Martín Girard' (Seix Barral), un volumen que recoge algunas de las mejores piezas de Suárez, considerado un precursor del 'nuevo periodismo'.
«Devoraba las novelas policíacas: Chandler, Hammett Y a la hora de ponerme a escribir pensé que debería hacerlo con ese sabor agridulce y canallesco». La prosa de Gonzalo Suárez llamó enseguida la atención por su desfachatez y atrevimiento. Una de esos atrevimientos consistía en comenzar sus crónicas contando por lo menudo sus desayunos, en los que no solía faltar el 'croissant'.
El autor de 'Remando al viento' afirma que una de las claves para que salga bien una crónica periodística es la urgencia. «Parece contradictorio, pero cuanto menos tiempo tienes para escribirla, mejor sale; al menos eso me ocurría a mí». Una de sus entrevistas más memorables se la hizo a Pelé, relatando por supuesto qués había desayunado ese día y otra serie de cuestiones personales. Su crónica más comentada, pues rozó el surrealismo, la hizo en el zoo, con motivo de la muerte de una jirafa. «Nevó mucho los días anteriores y se conoce que cogió una pulmonía. A mí el mundo de las jirafas me ha interesado de siempre, por eso le hice tantas preguntas al guarda que la cuidaba».
Entre los personajes más sorprendentes que entrevistó estaba el dictador cubano Fulgencio Batista. «Fue un encuentro casual en el Ritz; se sentó cerca de mí y, a pesar de los gorilas, conseguí hacerle media docena de preguntas, entre ellas sobre la 'crisis de los misiles'». Al cabo del tiempo, Suárez acabó desencantado del periodismo. «Un día me di cuenta de que estaba haciendo mucho daño a terceras personas, y lo dejé».