Gamesa ha elaborado una 'lista corta' con tan sólo dos aspirantes a adquirir su división aeronáutica, que puso a la venta el pasado año: Caja Castilla-La Mancha, que cuenta con la colaboración de Ignacio López Gandásegui, consejero delegado de la compañía vasca hasta el pasado diciembre; y Caixa Cataluña, la entidad financiera que preside Narcís Serra, ministro de Defensa y vicepresidente en los gobiernos de Felipe González.
El grupo ha ido un poco más lejos en esta selección y ha concedido una prioridad en las negociaciones a la Caja de Castilla-La Mancha, que tendrá la oportunidad de cerrar un acuerdo antes del 10 de abril. Si en esa fecha las conversaciones no fructifican, iniciará conversaciones en solitario con Caixa de Cataluña.
El cierre del acuerdo con la caja castellano-manchega, apuntan fuentes cercanas a la operación, es la alternativa que cuenta con más posibilidades de éxito. Incluso, Gamesa y esa entidad ya tienen experiencias de participación conjunta en algunas empresas subcontratistas del sector aeronáutico. A pesar de ello -aclaran los medios consultados-, aún faltan algunos detalles importantes por dilucidar. Entre ellos, aunque resulte paradójico, la opinión de los propios clientes de la compañía. Empresas como Embraer o Sikorsky, principales compradores de los componentes que diseña y fabrica Gamesa Aeronáutica, serán consultadas sobre la idoneidad del candidato. Ese hecho obedece a que se trata de firmas que están ligadas al grupo vasco en proyectos de larga duración y que deben, por tanto, mantener la confianza en sus nuevos responsables.
El precio de las acciones
Algunos detalles de la compra-venta ya están bastante avanzados. Entre ellos, el precio de las acciones de la filial aeronáutica, que se situará entre 45 y 50 millones de euros. Esta cifra supone una minusvalía importante en relación al valor teórico contable de la sociedad, que ya fue absorbido por Gamesa en sus cuentas del ejercicio 2005 con una provisión de 60 millones. Eso sí, la operación permitirá a la empresa alavesa eliminar de sus cuentas consolidadas el endeudamiento -unos 300 millones de euros- de su división aeronáutica, ya que permanecerán como una responsabilidad de la filial.
También se sabe ya que el grupo Gamesa permanecerá ligado accionarialmente a la actividad aeronáutica, aunque de una forma casi testimonial y como mero acompañamiento. Así, la empresa se desprenderá del 95% de las acciones, pero mantendrá en su poder el 5% restante.
Por último, se ha podido conocer que entre las condiciones que los candidatos han tendido que aceptar para entablar negociaciones figura el compromiso de que mantendrán la sede social de la compañía aeronáutica en Euskadi, han explicado las mismas fuentes. Los responsables de Gamesa creen que ésta es una deuda moral con la Administración vasca, cuyas ayudas públicas fueron decisivas para la constitución de la sociedad y para cerrar los primeros acuerdos de suministro de alas de avión para el constructor brasileño Embraer. Los compradores, sin embargo, tendrán en el futuro libertad absoluta para decidir dónde se ubican sus nuevos centros de producción.