La clase es de Lengua Castellana y consiste en una tertulia literaria. Se han formado tres grupos, en uno de ellos los alumnos subrayan algún párrafo que les interesa y explican por qué, en otro se trabaja la gramática y en el tercero la expresión escrita. Los adultos que dinamizan la clase son el profesor de la materia, un docente de refuerzo y el conserje. Es una escena que se puede contemplar en una jornada escolar cualquiera en las escuelas de Lamiako. «Los niños van pasando por los tres grupos. Todas las opiniones y las respuestas son válidas, hasta las erróneas. Cada alumno interviene y aporta algo», explica Adelaida Otxoa, la directora. En el instituto de Mungia también es habitual aplicar este sistema de grupos interactivos en las clases de Lengua y Literatura. Una de las últimas ha sido una tertulia literaria sobre El Quijote, en la que intervino una madre junto con el especialista de apoyo lingüístico y el profesor de Lengua.
Contar con varios adultos en el aula no persigue sólo mejorar el rendimiento académico, sino también la integración y la convivencia entre los estudiantes. Lander Vázquez estudia para Educador Social, es ex-alumno del instituto de Mungia y ahora uno de los voluntarios. «Los alumnos tienen mucha confianza conmigo, me cuentan sus problemas», explica.
«Los voluntarios jóvenes aportan frescura a las aulas, a los chavales se les alegran los ojos cuando viene uno de ellos. Las madres desarrollan estrategias afectivas que también son positivas para los chicos, les arropan», señala Lorea Aretxaga, la orientadora del instituto de Mungia, un centro en el que rige una norma de convivencia: que todo el mundo exprese su opinión sin sentirse menospreciado ni agredido.