Científicos, filósofos, bioéticos, juristas, legisladores, médicos y directores de revistas científicas de catorce países han concluido, después de tres días de reuniones, que la experimentación con células madre es una «inmensa promesa» para el bienestar del ser humano y han elaborado una serie de recomendaciones éticas al respecto. «Esta investigación puede hacer que aumente espectacularmente nuestro conocimiento de la biología humana, lo que podría derivar en nuevos tratamientos para graves enfermedades», sostienen en su declaración final.
Los expertos -de Alemania, Australia, Bélgica, Canadá, China, Corea del Sur, España, Estados Unidos, India, Israel, Italia, Japón, Reino Unido y Suecia- han debatido sobre la materia durante tres días en el Centro de Conferencias Wellcome Trust de Hinxton (Cambridgeshire) y han constituido un consorcio multinacional sobre ética y derecho en la investigación con células madre embrionarias. Uno de los participantes en el encuentro ha sido Carlos Romeo Casabona, titular de la Cátedra Fundación BBVA-Diputación de Vizcaya de Derecho y Genoma Humano de las universidades de Deusto y del País Vasco.
España ha pasado de contar con una legislación restrictiva sobre la experimentación con embriones en la época de Aznar a convertirse, con Rodríguez Zapatero en La Moncloa, en uno de los países más avanzados del mundo desde el punto de vista normativo. No sólo está permitida la investigación con células madre embrionarias, sino que próximamente se autorizará la clonación terapéutica. La Iglesia católica, por su parte, ha manifestado repetidamente su rechazo a estas prácticas, hasta el punto de que Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, califica la nueva Ley de Reproducción Asistida de «aventura inmoral y absolutamente arriesgada». La réplica dada a los obispos el lunes por el jefe del Ejecutivo -que dijo que no hay nada más ético que «evitar el sufrimiento y el dolor»- parece sacada de las conclusiones del Grupo de Hinxton.
No a la interferencia
Los sabios mantienen que las razones morales para experimentar con embriones reposan tanto en los posibles avances del conocimiento como en la capacidad de desarrollar técnicas que alivien el sufrimiento, la enfermedad. Admiten que la diversidad cultural que puede llevar a algunos países y colectivos a rechazar este tipo de investigación, pero añaden que los legisladores «deberían abstener de interferir en la libertad de los ciudadanos a menos que tengan buenas y suficientes justificaciones». Por ello, proponen, por ejemplo, que en los países donde la ley prohíba estos trabajos, «pero no expresamente la colaboración internacional», no se restrinja la libertad de los investigadores que viajen al extranjero para experimentar en ese campo.
Los expertos apuestan en su declaración por que los científicos trabajen siempre dentro de la ley y faciliten toda la información sobre su trabajo a los donantes de material biológico y a otros participantes en sus trabajos. Además, abogan por el diálogo entre legisladores y científicos, así como por la participación ciudadana a la hora de regular este tipo de investigación. «Las sociedades tienen la autoridad para regular la ciencia, y los científicos deben obedecer la ley», dicen. los sabios destacan la importancia de la colaboración internacional en esta investigación, la necesidad de llegar a consensos éticos sobre la materia y de tener respuestas desde la moral a los continuos retos que va a plantear el avance la ciencia.