El director surcoreano Kim Ki-duk defiende que el silencio es un idioma universal, y la forma que ha elegido para hacérnoslo saber no es otra que evitar las palabras en sus películas. Con ello, busca que sea el propio espectador quien imagine las conversaciones entre sus personajes, de modo que termine por crear una versión personal sobre la propia cinta. 'El arco', un filme que cuenta la relación entre un viejo pescador y una joven a la que recogió de niña, también anima a esta técnica narrativa, con lo que se podría decir que el resultado depende, en cierto modo, del espectador y, sobre todo, de su capacidad de fascinación con la historia que contempla.
La trama acaece en un descascarillado barco pesquero, anclado en medio del mar. El viejo patrón, que alquila la plataforma a pescadores, vive allí con una joven a la que cuida desde niña y con la que tiene intención de casarse en cuanto cumpla la mayoría de edad. Utiliza un arco para ahuyentar a los que se aprovechan de su amada y para interpretar canciones.
A través de ese arma-intrumento, Kim, autor de 'Hierro 3' -película elegida como la mejor de 2005 por la Fipresci-, refleja la dualidad del ser humano, responsable de algunos actos bellos como de otros repudiables. Al igual que este viejo protagonista, que cuida y ama a la joven de forma ejemplar mientras la mantiene alejada de la sociedad, robándole la posibilidad de que elija la que podría ser una vida diferente.
La historia, que viene a ser una fábula, avanza despacio para desesperación de los espectadores más impacientes. Otros, en cambio, se deleitarán en cada escena con los fuertes contrastes de colores y texturas y con la asombrosa paz que irradia un filme abocado a un final sorprendente.
Para Kim, un director que tiene fama dictatorial en los rodajes y que también es productor, montador y guionista de sus filmes, la vida es sinónimo de una convivencia con problemas. Por ello, la mayor parte de su obra está marcada por un cargado ambiente de pesimismo -sobre todo, las películas ambientadas en entornos urbanos, que simbolizan la corrupción-, pero 'El arco', un romance atípico y llevado al extremo, contiene una lectura optimista de la vida.
Una vida que transcurre sobre el plácido mar y no sobre esa ciudad que la joven no puede conocer. Porque el mar es otro elemento simbólico en la película, y el agua, un lugar de encuentro en la filmografía de su director: «Para mí, el agua es un símbolo del mundo que vivimos. Estamos hablando de nuestra propia vida, que nos coloca como flotando en un mar», explica el director de 'Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera'.