Verdaderas animaladas ocurren en nuestro convivir de racionales y muchas más veces de lo que convendría la vida no sólo es una selva, también semeja una jaula de grillos, un gallinero, una cochiquera y otros símiles de irracional convivencia. La caca de un lince enfrenta al Ministerio de Medio Ambiente y la Comunidad de Madrid porque las heces de esta especie ibérica y única, en peligro de extinción, aparece en el momento y lugar menos adecuado para las obras de desdoblamiento de una carretera que el Gobierno autonómico madrileño considera de importancia capital.
Las gentes de la zona donde se acomete el proyecto de la M-501 para convertirla en autovía dicen que jamás han visto a un espécimen similar en aquellos pagos y los cazadores de los pueblos cercanos no recuerdan que hayan avistado uno solo de estos ejemplares. Son gentes que pueden ser consideradas linces en eso de ojear fauna autóctona pero las heces existen y son de lince ibérico y desde el descubrimiento de las deposiciones del mamífero protegido se ha puesto en marcha un programa con el fin de buscar más cacas, una huella singular que podría revelar que este animal amenazado habita en realidad en la zona y por surrealista que parezca no es una simple mierdecilla la causa de la discordia entre instituciones. La presidenta Esperanza Aguirre no pone en duda que el excremento hallado sea auténtico pero sospecha que pueda haberlo puesto allí alguien que se cree agudo y sagaz como un lince, también un experto en colar gato por liebre.
En excrecencias animales se trasmutan los acciones humanas cuando huelen mal y hasta se llega a bautizar como 'Ballena blanca' la operación contra la corrupción en Marbella. De asuntos sucios se ocupa el Grupo de Localización de Fugitivos de la Policía que se afana en la captura de un tipo específico de bestias y a base de lincear ha echado el ojo y ha capturado en nuestro país a 230 peces gordos de la delincuencia internacional. Entre tan abultada pesca han caído dos contrabandistas belgas, padre e hijo, asesinos reincidentes que vivían en Chiclana guardados por un lobo para ahuyentar de su chalé a las visitas siendo así que la tal fiera era lo menos peligroso de la camada mafiosa.