Profesionales sanitarios y militantes contra el sida aunaron ayer sus voces en Barcelona para reclamar a las instituciones que refuercen los equipos asistenciales con servicios de terapia psicológica. «Las repercusiones del virus de la inmunodeficiencia humana sobre los pacientes son dramáticas», resumió de manera gráfica la especialista Dolores Cánoves, que ha atendido a más de mil afectados desde su consulta en el Hospital General Universitario de Valencia. Su experiencia corrobora los datos de un gran estudio que se realizó hace varios años en Estados Unidos sobre esta cuestión; el 70% de las personas que viven con el VIH sufre problemas psicológicos o psiquiátricos «a corto, medio o largo plazo».
Cánoves participó ayer en una mesa de debate sobre las repercusiones psicológicas que conlleva el tratamiento antirretroviral, organizada en el marco del Congreso Nacional de Sida. La mayoría de los hospitales de España, explicó, resuelve sus necesidades de atención psicológica mediante la contratación de servicios temporales o la concesión de becas para la realización de estudios. Esta solución, según los expertos, apenas sirve para salir del paso, dadas las grandes necesidades existentes.
Las comunidades mejor dotadas, entre ellas Cataluña, País Vasco y la Valenciana, subvencionan a organizaciones no gubernamentales para que ofrezcan programas de apoyo psicológico, autoayuda y talleres de aceptación de la realidad. En otros casos, la financiación externa, a través de una empresa privada o una fundación, garantiza la prestación. El servicio no sirve, sin embargo, para cubrir la demanda existente, según coinciden unos y otros,
La psicóloga valenciana sostiene que los pacientes de VIH parten de una situación difícil en la que se mezcla la tensión con el estrés, «entendido como un elemento de presión continua» . Una persona que lleva diagnosticada mucho tiempo padece las consecuencias de esa presión desde el punto de vista físico -«por la enfermedad»-, psicológico -«por la forma en que procesa su sufrimiento»- y social, «porque el entorno le discrimina y distingue perfectamente».
Plan de intervención
La acumulación de fuentes de dolor tan diversas y emocionalmente tan dañinas propicia la aparicion de muy diferentes miedos: al rechazo, a un futuro incierto, a los efectos secundarios de la medicación La situación también es propicia para que aparezcan sentimientos de culpa, unas veces propios ('¿por que habré hecho ésto?') y muchas otras ajenos ('si no hubieras hecho aquello, esto no te ocurriría').
Cánoves se mostró crítica con el hecho de que el VIH/sida sea la única enfermedad en que las personas que rodean al paciente se interesan por la causa de su enfermedad. «Uno tiene un cáncer o una diabetes y nadie le pregunta qué ha hecho. Viene entonces la penitencia pública, la flagelación, que hace que mucha gente se aísle y, al aislarse, pierda contacto con la medicación y el equipo médico».
La presidenta de la coordinadora de ONG CESIDA, María José Fuster, cree que los servicios de psicología deberían ir más allá y evitar las situaciones de crisis. «El que va a la peluquería, lo hace porque cree que ha llegado el momento, no espera a tener una imagen deplorable», razona. Cesida ha presentado un proyecto al Ministerio de Sanidad para dotar a un número importante de hospitales españoles de un servicio de apoyo psicológico prestado por un seropositivo. «Se trata de que sean personas que han pasado por lo mismo», detalla.