Los conductos oficiales de la Fórmula 1 obligan a la cortesía y a guardar las formas. En el cartel de anuncios de la sala de prensa de Melbourne, un espejismo preside el cajetín de Super Aguri. De 15:40 a 15:45, rueda de prensa en inglés de Yuji Ide. Y en japonés, de 15:45 a 15:50. Doscientos metros al fondo del 'paddock', al final del pasillo, también el último en el protocolo, se comprueba el eufemismo. Nadie quiere entrevistar a Ide en inglés. La F 1 es un deporte que estimula el ego del ganador y el nipón teñido de pelirrojo representa la antítesis. Cualquier
niño de dos años puede emitir un pronóstico sin miedo al fallo: Super Aguri e Ide no van a ganar ninguna carrera este año. Y tampoco el que viene. El farolillo rojo tiene propietario por decreto.
No hay periodistas internacionales para Ide, pero sí nativos de la isla del sol naciente. Quince japoneses se arriman al piloto, quien toma asiento al abrigo de una sombrilla en el campamento de Super Aguri. Y cuenta sus cosas. «Era la primera vez que conducía en esta pista y me he concentrado en memorizar el trazado y las características durante la primera sesión». Frente a la dimensión multinacional de la Fórmula 1, Super Aguri supone la exaltación de la bandera japonesa. Nipón es el patrón, Aguri Suzuki -ex piloto de F 1-, nipones sus conductores titulares -Takuma Sato y Yuji Ide-, y nipones son la mayoría de su 'staff' técnico.
Yuji Ide, mono blanco con ribetes rojos, botines negros y rojos, descargado de publicidad, sin el habitual mosaico de marcas de sus compañeros de parrilla, sigue hablando de sus experiencias: «Desafortunadamente, un pinchazo supuso que el coche no fuera fácil de conducir y tuve que correr para hacer mi mejor vuelta». Ide acabó en la trastienda, último del día, a siete segundos de la cabeza, su sitio natural esta temporada, un escalón por detrás de Takuma Sato, penúltimo.
El personal de Honda entra en el box de Super Aguri como quien lo hace en la casa de la playa. Segunda residencia. Allí trabajan una pila de japoneses, unos cuantos ingleses y dos españoles. Son el ingeniero Antonio Cucurella, al mando de la evolución técnica del coche de Yuji Ide, y el mecánico Albert Fábrega, que tiene a su cargo el auxilio del monoplaza reserva y que durante las carreras se encarga de la rueda trasera izquierda del coche de Takuma Sato. Ellos también son protagonistas en la televisión japonesa.