Miguel Ángel, Agustín y Félix, que fallecieron hace casi un mes al declararse un incendio en la Posada de los Abrazos, «habían encontrado un techo, pero, sobre todo, un hogar». En el mismo inmueble siniestrado, apareció muerto José, un hombre que llevaba fallecido dos días «sin que nadie le hubiera echado de menos».
Esta misma semana, la Ertzaintza descubrió el cadáver de Juan, que llevaba dos meses muerto en una pensión de San Francisco, «sin que absolutamente nadie» se hubiera dado cuenta. Según Mikel Ruiz, director de Cáritas, esta persona mayor, que residía desde hace quince años en el mismo hospedaje, vivía en la más absoluta soledad», con «techo pero sin hogar y sin relaciones sociales de ningún tipo».
Con ambos sucesos, ha aflorado en Bilbao no un problema, sino la «sensibilidad social» y ha situado a la sociedad ante un conflicto que «estaba ahí»: «Hay gente -remarcó Ruiz- con techo, pero que vive sin nadie a alrededor».
La campaña de sensibilización presentada ayer por Cáritas Diocesana de Bilbao sobre las personas sin techo, que desarrollará este fin de semana en todas las parroquias, busca encontrar acomodo físico y emocional a las más de 900 personas que deambulan por las calles de Vizcaya sin un destino. «Trabajamos para que tengan techo y hogar». A juicio de Ruiz, necesitan apoyo económico, pero también están faltas de «respeto, afecto, formación, seguridad, autonomía...»
Con las muertes de estas cuatro personas, se ha destapado una preocupante «situación colateral» -«pensiones ilegales, hacinamiento y explotación en muchos casos...» que exige «una urgente respuesta y un mayor esfuerzo» por parte del Ayuntamiento. Aunque reconocieron que la solución «no es fácil», los responsables de Cáritas instaron ayer a acabar «con todas las pensiones» clandestinas que funcionan en la ciudad. Porque, según apuntaron, resulta «doblemente censurable» que se permita el «abuso» de personas que viven en una «situación de extrema necesidad».
Joseba Gaya, responsable del programa de personas sin hogar de esta asociación, advirtió de que la mejor manera de «normalizar» esta situación sería mediante el funcionamiento de «pensiones dignas» en «distintos» barrios de la ciudad. A su juicio, la lucha contra la exclusión social debe abordarse con políticas que «no focalicen la pobreza en una sola zona», como, insinuó, sucede ahora. Puso como ejemplo los programas de Cáritas, que cuenta con una residencia social en el distrito de Indautxu y tres pisos de acogida en Deusto, Txurdinaga y Atxuri.