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Domingo, 2 de abril de 2006
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DEPORTES
Bilbao Basket
Una racha a prueba
El Lagun Aro hace suyo el papel de víctima, pero cree saber cómo volver a doblegar al Unicaja (12.30 h., Bilbovisión) en la matinal del Martín Carpena
Una racha a prueba
ALTURA. Weis y Santiago luchan por un rebote en la victoria bilbaína en La Casilla. / BORJA AGUDO
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En la ACB hay consuelo para todos. Quienes tienen el rostro desfigurado por los golpes ligueros recibidos, apelan a su capacidad para encajar y seguir en pie, si se acepta como tal el tambaleo previo al K.O. Otros ven en sus dilatadas rachas de éxitos el mejor síntoma para renovar semana a semana su etiqueta a aspirantes a todo sin haber logrado ganar antes casi nada. Los hay que se amparan en el «virgencita, que me quede como estoy» y no faltan los que saben que un escudo y unos colores se transforman de por sí en puntos ante la incapacidad que tienen sus adversarios para luchar en igualdad de condiciones por aquello de los rangos históricos establecidos.

El Lagun Aro, esta semana, no es ajeno al consuelo. Quizá le haya procurado alguno ver que la tropelía arbitral que sufrió ante el Real Madrid ha tenido una curiosa traducción. Amorós, Alzuria y Terreros, el trío de marras, guardará descanso esta jornada. Son 34 los árbitros capacitados para pitar en la ACB y cada jornada se necesitan 27. En los 7 que podrán hacer planes familiares este fin de semana, ellos están incluidos. ¿Casualidad o consecuencia? Sólo Valentín Junyent y la cúpula del arbitraje español conocen la realidad de lo vivido de puertas adentro en los despachos. No es menos cierto que los efectos colaterales dejan abierta la puerta a la especulación de cara a lo que acontezca en esta matinal en el Martín Carpena, para la que han sido designados Peruga (3-2), Pérez Pérez (2-3) y Bultó, otro icono, colegiado con el que los rojillos no han sabido ganar en la ACB en las cuatro ocasiones en las que han coincidido.

Al margen de Garbajosa

Los pesos pesados de la plantilla, como Panko y Savovic, han pedido no mirar atrás. Otros, como Weis, se refirió al robo recibido antes de reconducir su mirada a lo les ocupa, la visita al más grande, al mejor equipo español en la actualidad. Es lo que dice del Unicaja la clasificación, atónita aún al ver cómo ha ido recibiendo muesca tras muesca en el casillero de victorias malacitanas hasta parar -¿de momento?- en las once que ya han sido certificadas. Esté o no Garbajosa disponible para la ocasión -lleva 10 días parado, el margen marcado inicialmente-, tiene Scariolo un grupo demoledor, con bases atípicos (Sánchez y Cabezas) por fortaleza y dominio el juego; acompañantes demoledores (Brown y Berni Rodríguez); aleros capaces de pasar desapercibidos o ganar por sí mismos un partido (Risacher y Herrmann); y una cuadrilla de destajistas en la pintura de muy complejo desmembramiento (Pietrus, Nicevic, Santiago).

Pero, a la vez, era lo que el técnico italiano ya poseía cuando visitó La Casilla y torció el morro al ver lo poco que de sí pudieron dar los suyos. Eran momentos de abrirse paso en Europa -el mejor equipo de la primera fase de la Euroliga-, aunque arrancaba inusualmente mal en la ACB (1-3). De Bilbao se llevó el que hasta ahora se yergue como monolito indicador del mayor castigo recibido. Otro concepto que puede servir de consuelo rojillo.

Hay algo complejo de explicar, pero que es una constante en el Lagun Aro. Un hipotético estudio cerebral indicaría que el cien por cien de sus integrantes cree que se puede y debe ganar a un rival de tal magnitud. El problema llega cuando la psique muta con el balón ya en juego. También lo han dicho los propios jugadores. Un partido dura 40 minutos. Quizá sea el momento ideal para que los bilbaínos calibren sus cronómetros y no se dejen puñados de segundos perdidos en el tiempo.



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