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Domingo, 2 de abril de 2006
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La princesa en su república
Máxima Zorreguieta regresa a su Argentina natal y actúa de anfitriona de su suegra, la reina Beatriz de Holanda
La princesa en su república
SOMBREROS. La reina Beatriz y los príncipes Máxima y Guillermo, en Buenos Aires. / EFE
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Como una guía de turismo de lujo, la princesa Máxima Zorreguieta, nacida en Argentina, paseó a la familia real holandesa por lagos y glaciares de la Patagonia de este país. Además, acompañó a su suegra, la Reina Beatriz, en sus múltiples reuniones oficiales con el presidente de la república, Néstor Kirchner, su esposa, la senadora Cristina Fernández, y con representantes del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia.

El príncipe Guillermo de Orange, heredero del trono y marido de Máxima, con quien tiene dos hijas, estuvo en un segundo plano durante la visita. Suegra y nuera, en cambio, acapararon todas las miradas. Desde que a finales de los noventa Máxima entró a formar parte de la familia real holandesa, ésta se mostró más flexible en sus rígidas costumbres. La influencia de la argentina fue bien recibida por los holandeses, que la aceptaron con cariño pese a las dificultades suscitadas por sus antecedentes familiares.

El padre de Máxima fue secretario de Agricultura de la dictadura argentina (1976-83), lo que impidió al comienzo una relación fluida entre las dos familias. Pero, al poco tiempo, la sonrisa de la princesa abrió las puertas al padre, la madre y los hermanos de esta economista, que ha resultado ser la mejor embajadora de su país de origen.

Según informaciones no oficiales, fue ella quien convenció a su suegra de visitar Argentina, para conocer sus paisajes, visitar la mayor colonia agrícola-ganadera de inmigrantes holandeses en Sudamérica, probar sus exquisitos bifes, sus delicados vinos y recorrer sus anticuarios en el barrio de San Telmo, cerca del centro de Buenos Aires. Y de paso, que la comitiva pueda sondear así oportunidades de negocios.

La visita comenzó de manera informal el viernes, cuando la familia real aterrizó en Buenos Aires e hizo subir al avión a los padres de Máxima. Juntas, las dos familias y las dos pequeñas hijas de Máxima y Guillermo, volaron casi 2.000 kilómetros hacia el sur para conocer el glaciar Perito Moreno, hacer una travesía por los lagos y visitar la ciudad turística Villa La Angostura, donde vive el hermano de Máxima. Cámara en mano, la princesa tomó fotos a su familia, como una anfitriona feliz de haber logrado unir a todos en su tierra.

A su regreso a Buenos Aires se impuso el protocolo, la vestimenta formal y los inevitables sombreros. Viajaron a la localidad de Tres Arroyos, a 500 kilómetros al sur de la capital, donde se fundó una colonia de holandeses a fines del siglo XIX. La visita se cerró con una velada de gala en el Teatro Colón ofrecida por la realeza al Gobierno de la república y a los holandeses que viven en este país. El presidente Kirchner faltó a la cita, pero Máxima y su suegra no dejaron de sonreír.



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