Dos fundamentos básicos recogen los estatutos de la asociación benéfico-social y cultural Cofradía Amigos del Chocolate de Bilbao. Uno es conocer la historia de este dulce manjar en la villa y Vizcaya. Y dos, promover la cultura del chocolate a través de conferencias, concursos literarios, catas y viajes culturales. Uno de los actos más importantes del año tuvo lugar ayer en la Real y Santa Casa de La Misericordia, con motivo del quinto Capítulo del Chocolate donde se dieron cita muchos de los 180 cofrades de la agrupación para nombrar las damas y caballeros chocolateros de este año.
«Por su contribución a endulzar la vida», la empresaria hostelera Alicia Garmendia, el hostelero Borja Samaniego, el modisto Javier Barroeta y la Madre Superiora Sor Esther, en nombre de la Santa y Real Casa de La Misericordia de Bilbao fueron tocados con una tableta de chocolate cual si fuera la espada del rey Arturo, y prometieron respetar el Juramento del Cofrade.
Ellos serán los encargados de divulgar los beneficios de esta golosina que, en palabras del presidente y Gran Maestre de la Cofradía del Chocolate de Bilbao «alegra la vida y ayuda a envejecer bien». Quizá por eso, al 93% de las francesas les gusta. «Su aroma y su sabor tienen un encanto que atraen. Algo tendrá que ver con ello el que remueva las endorfinas, que son las glándulas que segregan felicidad», añadió Llona, después de regalar a La Misericordia 75 kilos de chocolate. «Vamos a tener unas tardes muy dulces», se congratuló Sor Esther.
El Gran Maestre sabe de lo que habla. Se crió en la calle Tívoli, junto a los chocolateros bilbaínos Chobil. De niño, esperaba a las puertas de la emblemática fábrica a que cayeran los rotos del chocolate. Ahora, prepara junto a los socios la primera 'guía chocolatil' de Bilbao. «Localizaremos las chocolaterías de Bilbao y elegiremos la mejor». Con una cata, tendrán en cuenta la calidad, la presentación y el precio medio. A la hora de puntuar, contará desde el espesor -cuanta más textura, mejor-; el sabor -más rico cuanto más amargo, ya que tiene más cacao-; y si lo sirven en taza o en vaso. «Y por supuesto, si reservan un poco de agua para después, lo bordan. Es un detalle que siempre se suele pasar por alto y que resulta esencial. No sabemos por qué, pero el chocolate siempre te pide un poco de agua».